En estos días, pasear por San José Obrero es, prácticamente, un ejercicio cuaresmal. No hay bar, ni tienda, ni esquina que no comente la noticia recibida hace, tan sólo, una semana cuando supieron que a su hermandad, de gloria y sacramental, se le reconocía el rango de penitencia.
Para el resto de la ciudad, se ha convertido en una candidata nueva para colarse en el complicado puzle de las hermandades que hacen estación de penitencia a la Catedral. Para ellos, esta aprobación es el premio a una labor intensa por la labor pastoral llevada desde su fundación, un ejemplo de cómo una corporación debe ir de la mano de su parroquia.
Lo hizo desde que a los dos años de erigir Bueno Monreal el templo, en 1960, surgió la iniciativa de crear una hermandad que potenciara la devoción al santísimo. Allí llegó una imagen de San José, que se convirtió en el símbolo del barrio, el nexo de unión con la parroquia y el emblema al que la hermandad no va a renunciar, pese al reciente reconocimiento penitencia. «Nosotros sabemos de dónde venimos y nunca vamos a olvidar que lo que realmente nos mueve es el santísimo sacramento y San José Obrero», asegura Rafael Ramírez Cervetto, hermano mayor.
En efecto, la hermandad no quiere renunciar a ese origen, aunque, desde su propia semilla, el aroma penitencial ha estado siempre presente. No hay que olvidar que al año de estar erigida, canónicamente, la hermandad llega al lugar la que sería la primera dolorosa de Luís Álvarez Duarte, tallada cuando éste tenía, tan sólo 13 años.
Sorprende ver en la fotografía que acompaña a este artículo a un Álvarez Duarte muy joven, arrodillado, justo, delante de la Virgen que acababa de concebir. Probablemente, en aquel momento no sospechaba que la corporación tendría que esperar más de medio siglo para que le llegara la aprobación como hermandad de penitencia. En cualquier caso, el título siempre fue lo de menos, pues la devoción creció en el barrio de manera espontánea, en los rosarios de la aurora y, en los últimos años, en las procesiones, bajo palio, del mes de septiembre. Quizás, el argumento definitivo que empujó a la hermandad a solicitar su reconocimiento penitencial fue la bendición del Nazareno de la Caridad, realizado por Fernando Aguado en el año 2004, siendo, ésta, su primera obra. Curiosamente y, sin pretenderlo, la hermandad ha acabado atesorando las óperas prima de Luís Álvarez Duarte y del propio Aguado.
El Nazareno, que no estaba originariamente incluido en el título, ganó devoción rápidamente. Lo demuestra la policromía desgastada de los pies. «Tiene una legión de devotos que me emociona mucho. Lo de las mujeres del barrio es tremendo. Y, además, ese desgaste de la policromía jamás se la repondré», asegura Fernando Aguado. Esta imagen fue presentada, en su día, en el templo de San Antonio Abad, de la hermandad del Silencio y, precisamente, en su interior, entre otros recuerdos, hay una fotografía del Nazareno de la Primitiva de la, dicho sea de paso, es hermano el propio Aguado.
Semana Santa de 2013
La hermandad tiene puesto sus ojos en la Semana Santa de 2013. Tienen, incluso, preparadas sus túnicas y, aunque la rumorología apuntaba a que sus reglas iban a llegar aprobadas desde Palacio antes de la Cuaresma, lo cierto es que no han querido precipitar la que sería su primera salida como hermandad de penitencia. De momento, se afanan en seguir construyendo un paso de palio que la Virgen de los Dolores, de momento, luce en terciopelo azul liso. ¿Y el Nazareno? Esa es la gran pregunta que todos se hacen. Al Señor se le ha podido empezar a hacer este mismo año. Todo dependerá de las posibilidades económicas y de la voluntad que emitan los propios hermanos. Lo que sí podría ser una novedad es su iconografía. Al Señor se le ha podido ver en el Via Crucis que preside, pero ya se piensa en que pueda procesionar, el próximo año, en su propio paso.
De momento, la hermandad no renuncia a nada. Es decir, es posible que compren un paso de segunda mano. También se habla de un desconocido que quiere regalar la figura de un cirineo que se empezará tallar cuando culmine la Semana Santa de 2012. Es decir, que se abre la posibilidad de que el Nazareno de la Caridad procesione el próximo año sobre un paso y acompañado de Simón de Cirene, una iconografía que en Sevilla representaba el paso del Señor de Pasión y, ahora, únicamente, se aprecia en el de San Roque.
A priori, tan sólo, a priori, la hermandad reúne requisitos suficientes como para entrar en la nómina de esas cofradías que hacen estación de penitencia a la Catedral. Los tiene porque su labor pastoral desde su creación ha sido incuestionable. Lo es, también, porque sus imágenes atesoran suficiente calidad artística, como para estar a la altura de las que procesionan en la Semana Santa de Sevilla. Una condición, esta, que no es baladí y, como ejemplo, ahí está la revolución artística que acometió la hermandad del Polígono de San Pablo para que su primera llegada a la Catedral fuera acorde con la estética y la calidad de las cofradías que ya lo hacían.
Otra razón por la que sería viable la incorporación es su cercanía al casco histórico, ubicado entre la Trinidad y el Polígono de San Pablo y, además, cuenta con el respaldo de un barrio amplio y de una nutrida población. Otra cosa será que les dejen... y que ellos quieran.
ABC Sevilla