miércoles, 04 de noviembre de 2009

Acabó el mes de octubre en Capuchinos, entre las dos devociones marianas del barrio, entre la Divina Pastora y María Auxiliadora, pues el pasado sábado la hermandad de los Salesianos realizó el traslado que los llevaría al lugar desde el que reciben culto desde entonces, a los pies de María Auxiliadora.



Siempre rendidos  a sus plantas, desde su génesis como corporación penitencial, hasta ahora que su altar luce en el Santuario de la que lo puede todo. De negra estampa cada Miércoles Santo pero de corazón celeste y rosa cada día. Ese Niño que cada mayo pasea en los brazos de la primera  Virgen coronada canónicamente, creció y se llamó de las Penas y crucificado pasea el espíritu de Don Bosco por nuestra ciudad en Semana Santa. Ella siempre la misma, Auxiliadora bendita, alegría de nuestra causa y por siempre Auxilio de los Cristianos, aún al pie de la Cruz.



Día de alegría y tristeza. Su casa los esperaba pero se marchaban de su casa también. En la fachada de la Pastora queda para el recuerdo un mosaico, pero dentro quedan sentimientos y vivencias inolvidables. Un Sagrado Corazón ocupaba el hasta entonces altar de los Salesianos. Dentro del templo se despedían las hermandades de la parroquia. Las lágrimas afloraban, la emoción a flor de piel. El sueño se iba a hacer realidad y la alegría por ello era enorme, pero no hay despedida alegre y menos cuando  como hermandad han crecido entre esas paredes y al amparo de la Pastora. A las seis en punto el cortejo salesiano se puso en marcha. Ya quedaba menos para llegar a casa.



La marcha real recibía la salida de la cruz guía, a la que seguían hermanos con cirio color tiniebla. La presidencia de la corporación antecedía al Cristo de las Penas, que a hombros salía de la Pastora. Por sus dimensiones tuvo que ser volcado un poco para poder salir. Ya fuera fue dispuesto en las andas con la que recorrería el itinerario que desembocaría en San Bartolomé.



Mientras el Señor de las Penas, a los sones de la marcha que le compusiese el Maestro Artola, ganaba la plaza de Capuchinos, la Virgen del Auxilio salía de la Pastora, llevada en unas andas por hermanas y hermanos. Tras Ella se colocó la banda de música de la Expiración, quien ejecutó un repertorio serio durante el recorrido, aunque el toque de granadero que sonaba entre marcha y marcha quizás no fue el más apropiado al carácter de esta hermandad y este traslado.



El itinerario elegido fue el de las calles traseras a ambos templos, lugares que no acostumbran a ver pasar a estos Titulares el Miércoles Santo. A ritmo lento fue avanzando, pues pese a ser una distancia corta entre las iglesias, había que cuadrar el horario para no irrumpir en la celebración de la misa. Bastante gente acompañó a esta hermandad en un día histórico para ellos. La Archicofradía de María Auxiliadora y la Congregación de la Divina Pastora formaron parte del cortejo antecediendo a la Virgen del Auxilio.



Fue una oportunidad de contemplar al Cristo de las Penas en una posición que permitía fijarse en detalles que pasan inadvertidos en Semana Santa. Es una de las grandes obras que no recibe toda la atención que mereciese. A la Virgen del Auxilio quizás algunos descubriesen su belleza particular, su encanto, para otros fue reafirmarnos en algo que ya sabemos de hace tiempo. La única pega fue la altura de las velas que impedían verla correctamente.



Pasadas las ocho y media entraba en el Santuario Inspectorial de María Auxiliadora el Santo Cristo de las Penas, lo hizo de la misma manera de la que salió de la Pastora, pues las dimensiones de la puerta también son más estrechas que la cruz del Señor. Poco después llegaba la Virgen del Auxilio.  El “Rendido a tus plantas” resonó en el interior del templo. El sueño se había cumplido. La hermandad de los Salesianos estaba en su casa. Justo cuando cumplen un cuarto de siglo. La espera de tantos años había merecido la pena.  Por fin bajo un mismo techo, María Auxiliadora, el Cristo de las Penas y la Virgen del Auxilio. Don Bosco, que por allí andaba, ejerció de fiel testigo de la felicidad del momento histórico. Ahora queda seguir cumpliendo sueños.


























Publicado por elpretorio @ 0:02  | Málaga
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