martes, 03 de noviembre de 2009



Fue en 1959 cuando las gubias del prolífico escultor natural de Alcalá de Guadaíra don Manuel Pineda Calderón efigiaran los rasgos de Nuestra Señora de la Amargura, titular mariana de la corporación penitencial que realiza estación de penitencia por las calles de la localidad sevillana de Montellano en la tarde del Viernes Santo junto al Cristo de los Remedios, crucificado anónimo del siglo XIX adjudicable a las gubias de Emilio Pizarro de la Cruz.

 

Para conmemorar el cincuentenario de la bendición de la imagen de la Virgen de la Amargura la corporación montellanera ha venido celebrando un amplio abanico de eventos, no solo circunscritos al ámbito cultual, sino también en loa y reconocimiento de la obra del imaginero autor de la efigie mariana, Manuel Pineda Calderón. Una serie de charlas al respecto del pasado de la corporación, su patrimonio así como sobre la obra del autor de la efigie mariana, a cargo esta última de D. Enrique Ruiz Portillo e incluso una visita al lugar donde reposan los restos del imaginero alcalareño: en la Capilla del Dulce Nombre de la Parroquia de San Sebastián de su localidad natal. Toda una serie de actos entre los que cabe agradecer las muy infrecuentes muestras de cariño e interés por quien efigió la talla titular de la corporación, algo que muchas cofradías parecen olvidar en sus aniversarios y efemérides relevantes.

 

Como culminación de los actos de este 50 Aniversario se procedió a verificar Procesión Extraordinaria con la imagen de Nuestra Señora de la Amargura bajo palio, a quien también le fue concedida la medalla de oro de la ciudad. Recibieron al cortejo las calles de una hermosa Montellano, localidad que aun no poseyendo edificaciones de gran valor artístico ni un trazado histórico relevante ha sabido encontrar un interesante equilibrio urbanístico, fundamentado en una notoria cordura constructiva que ha dotado a la localidad de gran integridad estética gracias en parte a la ausencia de grandes construcciones verticales que  pudiesen interferir en la contemplación del hermoso espacio natural que rodea la localidad: prominentes cerros arbolados y amplias zonas verdes. El casco urbano, de romántico trazado, con calle central que atrae la mayor parte de la vida social de la localidad y pronunciados desniveles, no tiene reparos en reconocer servidor que se encuentra tan cuidado y aseado en todos los aspectos desde la limpieza de sus suelos a sus pareciera casi que recién pintadas fachadas que hacen palidecer los pasillos de mi propia casa; más limpias me resultaron las calles de la localidad sevillana donde como dice el dicho “se podía comer en el suelo”, y no resulta ni mucho menos exagerado el término.

 

Bajo palio de líneas tipistas obra del vestidor sevillano Grande de León (quien figuraba entre los integrantes del cortejo como vestidor que es también de la imagen), la imagen mariana procesionó acompañada por los sones de la Banda Municipal de Montellano que con mucha voluntad  interpretó un repertorio mayormente alegre y cuajado de “lugares comunes” y composiciones tan a la moda en nuestros días en lo que viene a mal llamarse “procesiones de gloria”. Notoria presencia de público que aguardó en todo momento la llegada del cortejo colmando las aceras, estampa ésta la de la espera no muy habitual en nuestros días y que añadía un toque clásico, de procesión anclada  en el tiempo al menos dos décadas atrás. Lástima que como de costumbre las formas y los repertorios levanten toda impresión romántica en el procesionar contemporáneo, gracias a esa mezcla de pérdida acelerada de identidad por mor del excesivo influjo mediático de las maneras impuestas desde localidades de mayor tamaño e influencia en las formas, así como las imposiciones de aquellos que tras las bambalinas sacan rentabilidad dentro de este mundillo de lo que otros entendemos como tradición y devoción.

 

Rogelio Rubio Segura
















Publicado por elpretorio @ 0:08  | Sevilla
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