
Uno de los grandes referentes devocionales de la provincia de Sevilla como lo es la populosa corporación moronense de Jesús Nazareno ha culminado la celebración de su 400 aniversario fundacional verificando procesión extraordinaria de su titular mariana desde la Parroquia de San Miguel hasta el regreso a su ermita el pasado 24 de octubre. La imagen de María Santísima de los Dolores fue previamente trasladada el día 17 de octubre en su elegante paso de palio desde la Ermita de la Fuensanta (donde tiene la corporación establecida su sede canónica) hasta la Parroquia de San Miguel , esa imponente Pequeña Catedral de la Sierra Sur. Los días 21, 22 y 23 se celebró Solemne Triduo a la Virgen de los Dolores que culminó el día 24 con la Función Principal previa a la procesión de regreso.
Uno de los aspectos que más puede extrañar sin duda al conocedor de la Semana Santa en la provincia de Sevilla es la elección de la titular mariana de la corporación como imagen central en la celebración de tan importante efeméride, en detrimento de la gran devoción de la hermandad así como de gran parte de la ciudad de Morón de la Frontera como lo es el Nuestro Padre Jesús de la Fuensanta: auténtico referente devocional no solo a nivel local sino también reverenciado en las localidades de su entorno, siendo la corporación que le rinde culto una de las de más nutrida nómina de hermanos y nazarenos entre las cofradías de la provincia de Sevilla.

La Hermandad de Jesús realiza estación de penitencia en la mañana del Viernes Santo. Acompañado por la agrupación musical de la corporación procesiona sobre el imponente primer paso ( obra en 1990 de Guzmán Bejarano) la muy devota talla de Nuestro Padre Jesús Nazareno de la Fuensanta, obra del sevillano Antonio Castillo Lastrucci en 1939 en la línea habitual de las imágenes de tal iconografía firmadas por el taller del afamado imaginero. Vino a sustituir a la primigenia imagen (y germen devocional de la iconografía del Nazareno en Morón) perdida en los lamentables sucesos de la Guerra Civil, obra bien de Francisco Romero en 1609 o de Luís de Peña en 1618. Fue esta imagen protagonista de un milagroso suceso durante la prédica de Fray Diego José de Cádiz en que un rayo cayó sobre la parroquia sin provocar ningún herido, hecho que marcó históricamente a la corporación y provocó que se celebrase desde aquel año de 1797 en mayo la llamada Función del Rayo en acción de gracias. El cirineo que también realizara Castillo Lastrucci para sustituir al perdido en 1936 fue a su vez cambiado con el tiempo por uno obra de Dubé de Luque en 1987 y finalmente por el actual de Manuel Marín Nieto en 2003. Jesús Nazareno procesiona sobre imponente y genial paso de Guzmán Bejarano, obra en diversas tonalidades de caoba que bien puede considerarse entre las mejores de su taller y uno de las mejores andas procesionales para nazareno de la provincia de Sevilla, en el que solo cabe reseñar en negativo la colocación de un angelito policromado en la delantera, bajo el Nazareno, que rompe toda la excelsa simetría y trabajo cromático de la obra.
María Santísima de los Dolores es obra del prolífico imaginero y pintor alcalareño Manuel Pineda Calderón en 1946, siendo una de las más felices recreaciones marianas del artista dentro de su modelo de dolorosa más habitual. También realizó la imagen de San Juan que la acompaña bajo acertadísimo palio diseñado por el artista sevillano Antonio Joaquín Dubé de Luque y ejecutado en el Convento de Santa Isabel de Sevilla en cuanto a bordados, con orfebrería de Manuel de los Ríos. Vino a sustituir la perdida imagen de la Hermandad Servita de Morón de la Frontera (de aparente factura popular dieciochesca), la cual acompañaba en un principio durante parte de su recorrido a la imagen de Jesús para pasar posteriormente a trasladarse a la Ermita de la Fuensanta para realizar salida procesional conjunta. La fusión entre la Hermandad Servita y la Hermandad de Jesús Nazareno se lleva a cabo en 1978, aunque este hecho no se refleja en el título de la corporación.
Con salida a las 20:00 horas, el 17 de octubre se procedió a realizar el traslado de la imagen mariana desde la Ermita a la Parroquia de San Miguel, aunque dicho traslado en la práctica fuese más bien calificable como procesión dado su cadencioso ritmo, superándose previsión de llegada de las 21:30 en más de una hora. Sin acompañamiento musical (que no es una necesidad imperiosa y más dados los tiempos que corren no solo en lo económico) se rezó el Santo Rosario durante todo el recorrido, compuesto por calles en su mayoría estrechas y de enorme personalidad. Un decorado ideado por la mente del cofrade de mejor gusto parecen algunas calles de la hermosa Morón, ideal escenario para una procesión aunque poco amable al costalero dados sus pronunciados y constantes desniveles, con mención especial a la “Cuesta de Jesús” que el cortejo hubo de subir justo tras la salida desde la depresión donde se haya enclavada la Ermita.
Notable y a destacar fue el nutrido acompañamiento de devotos tras el paso y a la espera del cortejo en una noche completamente veraniega en pleno octubre. Realmente resulta destacable dada la tendencia del público cofrade actual a huir de cualquier acto donde una banda no haga acto de presencia; bien se notó que los allí presentes (y en considerable número) tenían toda su atención volcada en Quién iba entronizada bajo palio, y no en todo lo superfluo que suele acompañar dichos actos. El eje central del acontecimiento, María Santísima de los Dolores, exquisitamente vestida (y quien habitualmente sigue mis artículos bien sabe que no es esta una faceta en la que ponga especial énfasis, al igual que tampoco en las piezas de tela con que se suelen revestir a las imágenes en nuestra geografía) pudo contemplarse sin el habitual acompañamiento del Discípulo Amado, lo que dejaba completamente visible el perfil izquierdo de la talla. Desgraciadamente lo ganado en visibilidad quedó tapado por una deleznable y siempre reprobable colocación de tandas altas de flor de cera, que dejaban a la talla solo visible desde el plano frontal por el entrecalle de la candelería, resultando imposible contemplar el rostro de la imagen lateralmente desde la delantera ni desde las esquinas del paso y el lateral hasta que se hallase completamente de perfil al espectador. La flor de cera en determinadas circunstancias es un aditamento válido, pero no directamente en los laterales de la tanda más altas de cera tapando el rostro de María Santísima, único centro y protagonista dentro del paso de palio al que el devoto dirige su mirada, debiendo lucir perfectamente visible desde todo ángulo y no quedando tapada por ningún elemento.

De hermoso y elegante puede calificarse el diseño del conjunto y la impresión visual que provocaba. Es curioso cuando aún dentro de una línea tipista, unas andas se adecuan tan excelsamente a la imagen que entronizan como lo hace este paso de palio con la imagen de la Virgen de los Dolores. Notable también la imagen, una de las más destacadas obras de Pineda Calderón, la cual recordaba indistintamente bien a la alcalareña Virgen de la Amargura, bien a la nazarena Virgen de la Estrella dependiendo de la procedencia de quien tal comentario elevaba. En la Parroquia de San Miguel quedó el palio ubicado en su altar mayor, donde se celebró triduo miércoles, jueves y viernes.

Tras celebrar Función el sábado, se procedió a celebrar Procesión Extraordinaria de regreso, en la cual si que hubo por desgracia bastantes elementos discordantes con respecto a la dignidad que cualquier acto procesional resultaría deseable cumpliese. Abría cortejo la Agrupación Musical de Jesús de la Fuensanta y tras el palio en esta ocasión ponía sus sones la Banda Municipal de Morón de la Frontera, habitual en el acompañamiento de la cofradía en la mañana del Viernes Santo. Cabe reseñar llegados a este punto que las instantáneas que ilustran el artículo fueron todas capturadas durante el traslado de el día 17, no pudiendo realizar fotografías el día 24 de octubre como hubiese deseado, a pesar de mi presencia en el acto.
Reprobable por momentos resultó la actuación de la mencionada banda, la cual más allá de la calidad de su interpretación voluntariosa, demostró toda una declaración de intenciones de cara al futuro con la exhibición de un repertorio más propio de cualquier celebración popular o evento feriado menos el que una procesión exige. “Aires de Triana”, “Salve Baratillera”, “Callejuela de la O” … un largo etcétera de marchas todas y cada una de ellas del mismo corte y calibre, con total ausencia más allá de alguna que otra marcha alegre habitual pero de corte mucho más decoroso (que sonaron a absoluta gloria entremezcladas con el resto del repertorio) de composiciones dignas o de tono más adecuado al procesional. Uno de los peores repertorios en conjunto que servidor haya escuchado (máxime dadas las ausencias, al margen de las presencias) rematado con una actitud de los costaleros bastante participativa en el espectáculo superfluo al margen de la Sagrada Imagen. Recordar a los encargados del costal que en un paso de palio todo lo que no sea andar de frente sobra y está de más. Por desgracia el andar de frente en ocasiones se echó de menos. El remate a los hechos poco adecuados para el procesionar de un palio vino con la interpretación reiterativa y continua de la parte más conocida de campanilleros (servidor perdió la cuenta pero en número no inferior a seis ocasiones) mientras se descendía la Cuesta de Jesús en la entrada, mientras el palio anduvo igualmente hacia atrás que hacia delante, resultando cansino por momentos la extensión de dicha maniobra y los sones. No menos reiterativa resultó la interpretación en tres ocasiones consecutivas de la popular y desacertada “Callejuela de la O” mientras las andas encaraban la puerta de la ermita. Finalmente y para entrar se interpretó la marcha “Madre Nuestra”, obra de Francisco Nogales, director de la Agrupación Musical de Jesús de la Fuensanta y arreglada por Cristóbal Cárdenas, donde hasta el oído menos ilustrado podía reconocer pasajes “inspirados” fuertemente en composiciones grandemente conocidas y populacheras muy de moda, con pasajes que rememoraban marchas de Paco Lola, J.J. Puntas, Vidrié y otros autores de sobra conocidos en su género y estilo, que no siempre parece ser la marcha procesional.
Lamentar la menor presencia de público en algunas partes del recorrido respecto a lo que supuso el traslado de ida, hecho poco comprensible dado que ni la hora fue especialmente intempestiva (máxime dado el cambio al horario de invierno) ni el día poco propicio y mucho menos la noche (más agradable y fresca que la del traslado de ida). Sin duda la extensión de la celebración y el ser el segundo día en una semana que pudo verse el palio por las calles contribuyó a minimizar el número de asistentes, probablemente algo saturados. Poco importa cuando lo importante es tan destacable como lo es la propia talla de la Virgen de los Dolores, lo es un bellísimo morón de trazado idílico para el cofrade, lo es los múltiples hermanos de la corporación (de numerosísima nómina) que acompañaron de corazón y lo es el que 400 años no signifiquen vejez ni anquilosamiento en una corporación joven y activa como bien quedó demostrado. Sirva pues la reflexión sobre los verdaderos y verdaderamente relevantes valores de la hermandad para saber cortar a tiempo y enmendar la dictadura actual de lo superfluo y lo chabacano. Sirva pues la grandeza de lo heredado para corregir los múltiples errores de la moda y el vergonzante lucimiento personal de determinados elementos.
Rogelio Rubio Segura



