La crisis se está cebando con todos. Incluso con aquellos que ayudan a los demás. Porque muchas de las instituciones que se dedican a echar una mano a quienes lo están pasando mal, sufren también estas consecuencias en forma de una demanda que desborda, en la mayoría de las ocasiones, sus presupuestos.
Y esto está ocurriendo también con las Hermandades y Cofradías, que realizan una ingente labor en pro de los más necesitados —ayuda económica, asistencial, de búsqueda de empleo...— a través de las tradicionales y nunca bien ponderadas bolsas de caridad o asistenciales, que desde tiempo inmemorial han paliado una serie de problemas de aquellos que se encuentran en una situación más desfavorecida.
Pero la crisis también la están comprobando estas bolsas de caridad, que ven cómo hermanos, feligreses y gente que no tiene nada que ver con la hermandad pero que está desasistida de todo, acude a sus sedes demandando ayuda de cualquier clase.
Los números cantan. La demanda ha crecido, desde que fue una realidad la crisis, en torno a un 30% de media en la mayoría de las bolsas de caridad de las hermandades, que intentan dar asistencia a todos los casos que se presentan.
Nueva pobreza
Porque, a qué dudarlo, las llamadas a las puertas de esta ayuda —que no cuentan, salvo casos excepcionales, con subvenciones municipales, autonómicas o estatales— ha cambiado en estos tiempos de crisis. No hace mucho, como han referido las corporaciones consultadas por ABC de Sevilla, acudían a las hermandades personales marginales, indigentes e inmigrantes, cuya principal demanda era, sobre todo, poder comer o paliar alguna necesidad perentoria. Ahora todo es diferente. Desgraciadamente, es normal ver por las casas de hermandad a hermanos y feligreses que no hace mucho vivían holgadamente y, en cambio, en estos momentos no tienen con qué pagar alquileres, letras de la hipoteca, recibos de la luz, agua... una nueva pobreza que se está extendiendo y que incluso lleva a muchos de ellos, en apariencia personas que no aparentan penuria alguna, a pedir carnés o vales para acudir a los economatos de las hermandades o a los comedores sociales. Y no hay una edad media. Todo lo contrario. De los ancianos casi sin pensión se ha pasado a jóvenes entre 20 y 30 años, casados y con hijos, que no pueden hacer frente a esta situación.
Desbordados
Una de las bolsas asistenciales más importantes que hay en las hermandades es la de la Hermandad de la Esperanza Macarena. El diputado de asistencia social es José González, quien se muestra claro al hablar de esta nueva pobreza. «Nuestras reglas establecen que debemos atender, por este orden, a los hermanos, feligreses y a instituciones», algo que se esfuerzan en llevar a cabo dentro de la gran demanda que tienen. Con un presupuesto del 10% —unos 140.000 euros anuales— del total del de la hermandad, la labor no es fácil.
Según José González, «la mayor dificultad radica en dar salida día a día, porque se presentan casos acuciantes e imprevistos. El aumento, con respecto al año pasado, de demanda de ayuda está entre el 30 y el 35%. Las necesidades son más. Y hablamos de necesidades acuciantes: hipoteca, luz, agua, vales para comida en los economatos...».
Esto hace que las ayudas para instituciones estén más restringidas. «El presupuesto es el que tenemos y a la Macarena acuden, por ejemplo, toda clase de ONG´s e instituciones. Y también los que intentan aprovecharse, como en los vales de comida. Menos mal que tenemos un equipo que estudia rigurosamente cada uno de los expedientes».
Más o menos de la misma opinión es Conchita Tey, diputada de caridad de la Hermandad de la Esperanza de Triana. «Se está notando mucho la crisis a la hora de atender a quienes llegan solicitando ayuda a la bolsa asistencial. Nosotros intentamos solventar todos los problemas, dentro de las posibilidades de la hermandad, pero no es nada fácil», a la par que señala que, al final, «siempre nos pasamos del presupuesto».
Los casos son como los anteriores. «Personas con niños pequeños que no pueden llegar a final de mes; hermanos con problemas para hacer frente a la hipoteca, el alquiler de la vivienda, los distintos recibos... pero ahora ha aumentado mucho la demanda del carnet para el economato de Pagés del Corro. Estamos hablando de hermanos y feligreses, en apariencia sin problemas económicos pero que no tienen dinero para hacer frente a la compra de los alimentos más básicos».
Presupuesto doblado
Y de las hermandades con una bolsa de caridad muy importante, a una corporación que se faja diariamente en un barrio como el de Torreblanca, con una realidad muy distinta. Manuel Rocha Cayón, hermano mayor de la Hermandad de los Dolores, refiere que «desde que se fundó la hermandad tuvimos muy claro que la labor social y asistencial tenía que ser parte fundamental. Nosotros destinamos el 10% de los ingresos para la caridad y la asistencia. En estos tres últimos años, aparte de lo que destinamos al párroco para la cuestión de Cáritas, sacamos una partida para ayudar, en las visitas domiciliarias, a ancianos, enfermos y gente con problemas del barrio».
Los voluntarios acuden a las casas y «les exponen sus problemas, que son tanto económicos como de salud, de soledad... nosotros intentamos solventar estas deficiencias no sólo ayudando a pagar recibos de luz, de alquileres o de hipotecas, sino también poniendo en contacto a estas personas con entidades bancarias, con instituciones y organismos que puedan servir para paliar su situación».
No sólo se trata de pagar recibos. Manuel Rocha explica que «también solemos proporcionarles a los hermanos colchones, sillas de ruedas, sillas para poder ir al cuarto de baño... son aspectos que nos han obligado a duplicar los fondos de los que disponemos en cada ejercicio por adelantado».
Una nueva realidad que está tomando auge y que tiene a las Hermandades y Cofradías como referente. Una situación que todos coinciden puede ir a más porque la crisis está haciendo germinar una nueva pobreza.
ABC Sevilla