
La devoción a la Virgen del Carmen en Jerez de la Frontera viene de largo. Coronada Canónicamente en 1925, su templo estaba lleno en la función principal de la mañana, pese a ser día laborable, y es que sin ser Patrona es como si lo fuera.
Su procesión atrajo a numeroso público, mientras que muchos devotos se arremolinaban tras el paso para ir lo más cerca posible de la Virgen del Carmen. Estampa clásica su puesta en escena en la calle. Gladiolos blancos y algunos nardos exornaban el paso que con esmero había sido limpiado en los días previos.
Joyas por doquier complementaban el arreglo de la Señora, rematada por su increíble corona, de quince kilos de peso, que da una idea de la magnitud de la magnífica presea.
Frente al Señorío de la Madre la alegría del Infante Divino, una preciosa talla que salió ataviado con ropajes en tonos celestes.
La banda del Maestro Tejera cumplió con nota su misión, como es marca de la casa, interpretando marchas tras el paso que anduvo elegante y sin prisas, mandado por Rodrigo Daza, quien se retiraba del martillo del Carmen con esta procesión. Emotivo fue el giro de 360 grados en el interior del templo y los abrazos de todos los costaleros y el equipo del capataz cuando finalizó la procesión.







