Poco a poco el nombre de José de Arce (Jodocus Aaerts) suena con más fuerza dentro de los grandes escultores del siglo XVII en la Escuela Sevillana. Y poco a poco, dentro de la imaginería que procesiona en nuestra Semana Santa, se relaciona este nombre con la imagen del Crucificado de la hermandad de San Miguel.
Este artista flamenco, al que erróneamente se le encuadró dentro de la nómina de discípulos de Martínez Montañés, tal vez porque era la manera de dar importancia a una imagen dentro de los círculos de "entendidos" cofrades, posee una biografía algo enigmática y poco conocida.
De los datos que se manejan con fiabilidad, además de su origen flamenco, es que nace en torno a 1607 y se establece entre Sevilla y Jerez desde 1636 hasta su muerte en torno a 1666. Más controvertidos parece su formación, en donde se puede apreciar ese gusto flamenco por el uso de formas cotidianas en sus relieves como lo anguloso de sus pliegues que recuerdan más a Bernini, y que hacen pensar en una formación o etapa en Roma o bien un amplio conocimiento a través de grabados y estampas.
Para comprender el grado de fama que tuvo entre sus contemporáneos destaca la definición de Fernando de la Torre en 1671 como el "Phidias de nuestro tiempo" al describir la magna obra de los Evangelistas y Padres de la Iglesia que coronan el Sagrario de la Catedral de Sevilla. Ese gozar de popularidad fue decayendo con el paso del tiempo.
No vamos a adentrarnos en aspectos relacionados con su vida, estilo, obra, etc., para lo cual les recomiendo el artículo que Fernando Quiles publica en la revista del Laboratorio de Arte de la Universidad de Sevilla del 2003.
Como hemos comentado, es la imagen del Santo Crucifijo la que está relacionada con este autor. No se posee o no se ha hallado algún documento que pueda dar la autoría definitiva de la talla a este escultor. Pero si tenemos una serie de indicios, desde documentales a estéticos, que nos pueden confirmar que esta magnífica talla es obra de este escultor flamenco.
Varios apuntes nos avalan la autoría del Cristo datado en la mitad del XVII. Por un lado tenemos que José de Arce el 19 de abril de 1641 asume el terminar el retablo del altar mayor de la parroquia de San Miguel, siendo de su factura los relieves dedicados a la Encarnación, Circuncisión, Adoración de los Pastores y la de los Reyes Magos, así como las esculturas de San Juan Bautista y Evangelista, y la de los arcángeles Gabriel y Rafael. Una cuestión a tener en cuenta, y de fácil apreciación, es ver la semejanza que poseen los rostros de San Juan Evangelista y de San José (Adoración de los Pastores), con el rostro del Santo Crucifijo. Como también es de destacar la semejanza que posee con otro crucificado que pertenecía al retablo de la Cartuja jerezana, obra también de José de Arce, y que se halla en la Catedral.
La imagen del Santo Crucifijo representa Cristo en el último instante de la agonía, con ojos y labios entrecerrados, algo habitual en Arce, cabeza inclinada a la derecha y con el rostro enmarcado por la melena caída. De cuerpo sereno y estilizado casi manierista. La nota barroca se puede apreciar en su sudario, que de forma magistral, con pliegues largos y marcados, buscando el claroscuro, da la sensación de ser movido por el viento.
En fin no dejen de ir por San Miguel y no dejen de ver una gran obra de este escultor que marcó estilo en la escuela sevillana.
La Voz