En las hermandades no hay profesionales. Sus juntas de gobierno se nutren de personas de la más diversa condición y formación que llegan a ellas por devoción a unos titulares y que se encuentran con unas responsabilidades que, algunas veces, exceden de sus posibilidades.
Las cofradías tampoco son, en la mayoría de los casos, colectivos estables. Su dinámica es que cada cuatro u ocho años se renueven en todo o en parte los componentes de las juntas de gobierno. Esta circunstancia hace que los criterios de actuación no sean homogéneos, como, por ejemplo en la contabilidad. A todo ello hay que sumar la relación de estos colectivos con artesanos y profesionales que forman parte de la economía sumergida o que no declaran todo el volumen de su negocio, lo que da lugar a una economía en b.
Precisamente a estos últimos es a los que está dirigiendo su atención la Agencia Tributaria. A mediados de febrero requirió las cuentas de los últimos dos años a una veintena de hermandades sevillanas y a lo largo de este mes ha realizado la misma operación con cinco cofradías cordobesas. Con la inspección de estas cuentas, el fisco quiere recoger información sobre los proveedores que no cumplen con sus obligaciones.
Tanto en el Obispado, como en la Agrupación de Hermandades y en las cofradías que han recibido la misiva de Hacienda, el clima que se respira es de "tranquilidad", al saber que no están las cofradías en el punto de mira de los recaudadores de tributos. En la asamblea general que celebre la Agrupación el próximo martes se abordará esta cuestión.
El trato de las hermandades con los artesanos es algo secular. Algunos de ellos han denunciado la competencia desleal de quienes ofrecen precios más bajos por un producto al no estar dados de alta o por no tener contratados a sus empleados o por llevar una contabilidad paralela. Tanto en el mundo del bordado como en el de la orfebrería, fundamentalmente, es frecuente toparse con talleres que externalizan diversas fases del proceso en quienes se dedican en sus domicilios a estas labores para conseguirse un sobresueldo.
Quien en sus ratos libres -que a veces no son muchos- se encarga de enderezar la contabilidad de una hermandad, que al año puede manejar varias decenas de miles de euros, está acostumbrado a que por sus manos pasen -como pasaban hace décadas o siglos- papelitos a modo de recibo donde constaba el haber formalizado un pago, pero sin cumplir los requisitos de una factura oficial.
El Obispado de Córdoba trabaja desde hace un tiempo en unificar la contabilidad de las parroquias y de todos los colectivos eclesiales, incluyendo a las hermandades. De este modo, aparte de conocer de forma directa cuál es el movimiento económico de la Diócesis, se gana en criterios modernos y homologables de contabilidad que pueden evitar sustos como el de la Agencia Tributaria.
El Día de Córdoba