lunes, 15 de junio de 2009

“¿Qué ocurriría si las hermandades no se sumarán cada año a la celebración del Corpus?”. És la pregunta que se hacían un grupo de personas apenas unos minutos antes de que la Custodia de Enrique de Arfe saliera de la Catedral camino de la plaza de las Tendillas. Al primer templo de la Diócesis no paraban de llegar representantes de las corporaciones de la capital –tanto de Gloria como de Penitencia– para participar en la misa que ofició el administrador apostólico, Juan José Asenjo. Desde cualquiera de las calles que conducen al primer templo de la Diócesis, como Conde y Luque, Blanco Belmonte o Encarnación, entre algunas otras, bajaban numerosos grupos de cofrades con traje oscuro e identificados con la medalla, las varas y el bacalao de su corporación desde primera hora de la calurosa tarde, antes incluso de que los operarios municipales llenarán de juncia y romero el camino por el que luego iba a pasar el cortejo procesional.

Las hermandades, con su presencia en la misa, el montaje de altares –cuatro en el trayecto entre la Catedral y Las Tendillas, sin contar el que el Cabildo instala en la céntrica plaza– y su participación en la procesión, ganan cada año más terreno en relación a otros grupos religiosos en una fiesta que organiza la Diócesis. Hasta la banda de música que acompañó al cortejo, la de la Esperanza, forma parte de una cofradía. También, entre los fieles que situaron en diferentes puntos del recorrido, hubo muchos rostros vinculados a las cofradías. Ayer, una vez más, fue masivo el apoyo de las hermandades a una festividad que se celebra en la tarde del domingo gracias a un permiso papal.

El sofocante calor –con registros superiores a los 40 grados– y la coincidencia del partido de fútbol que enfrentó ayer a España y Nueva Zelanda no restaron esplendor ni seguimiento al Corpus Christi en la capital. Centenares de ciudadanos, muchos de ellos turistas, aguardaban la llegada de la Custodia de Arfe en rincones como las calles Blanco Belmonte y Jesús y María o el entorno de Santa Victoria. En estos lugares era difícil encontrar un buen sitio desde el que observar la procesión.

Un turista inglés se mostraba “sorprendido” por la aglomeración de público en los aledaños de la Catedral. No entendía que hubiera muchos centenares de personas expuestas a altas temperaturas para asistir a esta celebración. “¿Hacia dónde va esta procesión?”, preguntó el extranjero a uno de los fieles que bajaban por la calle Blanco Belmonte tras informarse de que se trataba de una festividad religiosa.

Cada vez había más gente en la calle, unos atraídos por el sonido de los tambores y otros por el leve descenso de la temperatura. A pesar de ello, el calor seguía siendo sofocante y el verdor de la juncia y el romero que había esparcidos sobre el pavimentos apenas aliviaban la sequedad ambiental.
También resultó bastante llamativa la preparación de los altares montados por las hermandades. Así, por ejemplo, la Virgen de la Alegría presidió el de la Sentencia. La titular de esta corporación llegó a la calle Blanco Belmonte en parihuela y escoltada en un cortejo por un cuerpo de acólitos con sus ciriales procedente de su ermita. Junto a esta imagen estuvieron varias decenas de componentes de la hermandad con sede canónica en la parroquia de San Nicolás de la Villa.

Pero el momento más especial tuvo lugar en la plaza de las Tendillas. Monseñor Asenjo –puede que por última vez en Córdoba dado su nombramiento como arzobispo coadjutor de Sevilla y la llegada inminente de un nuevo prelado a la Diócesis– impartió la bendición a los fieles que se habían desplazado la céntrica plaza cordobesa para participar en la celebración del Corpus. El administrador apostólico, quien destacó el sentido de la eucaristía al igual que lo había hecho horas antes en la misa oficiada en la Catedral, subió al altar que había instalado el Cabildo y en el que se encontraban las imágenes de los patronos, San Acisclo y Santa Victoria.

 

El Día de Córdoba


Publicado por elpretorio @ 14:51  | Córdoba
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