“Menos paso quiero... bueno, vámonos despacito”. Las estrechas veredas de los Jardines de Murillo tenían ayer más encanto y más transito que una calle Francos en pleno Lunes Santo. El capataz, Jonathan, de siete años, daba las órdenes a su cuadrilla. El tono era firme, los resultados algo más dubitativos de lo esperado. Pero que no cunda el pánico, la Cruz de Mayo continúa en su sitio y, si ante una inminente catástrofe, hay que arriar el paso, se arría.
Ayer, la Delegación municipal de Fiestas Mayores organizó un concurso de pasos infantiles que concentró una mini carrera oficial en la Glorieta de Don Juan de Austria. Allí, más atentos los padres que los niños a los 150 eurillos que estaban en juego, unos y otros, además de lucir su trabajo de manualidad cofradiera dieron rienda suelta a la fantasía de montar una Semana Santa hecha por y para diminutos.
“Yo soy de la Macarena, por eso me gusta mecer el paso”, decía el responsable –corbata y pin identificativo mediante— mientras daba órdenes a sus costaleros. Unos pasos detrás, otro capataz, Javier, se mostraba más proclive al Cristo de Santa Cruz:“Mi paso es más serio que los demás”, explicaba, algo con lo que no parecía estar muy de acuerdo una banda de músicos menudos que aporreaban tambores como si aquello fueran las Fallas valencianas.
No es cuestión de ponerse mijita, pero en la colorida jornada de ayer hubo diseños para todos los gustos. “Quería poner sobre la cruz una estampita del Señor, pero mi padre no me ha dejado”, decía, en declaraciones a la prensa, Nicolás, con 6 años, uno de los más pequeños (lo que ya era difícil...) de la concentración.
El Gran Poder, San Gonzalo, Las Aguas, La Trinidad... más de media semana mayor estaba representada en las insignias y en los corazones de unos aprendices que emulaban a los astros del arte de conducir pasos. “La idea es buena, pero no entiendo por qué no podemos poner imágenes en las cruces”, insistía otro capillita de menos de un metro y medio de altura mientras era requerido por el aguador porque el botijo ya se había quedado seco y quedaba aún mucha estación por completar.
Lo único que incomodaba a la concurrencia es que había que ir recogiendo. Y allí nadie parecía querer irse, especialmente cuando una tropa de turistas en camisetas playeras mandaron al garete su plan de visitas con tal de ver estos pasos.
El Correo de Andalucía