A las cuatro menos cuarto de la tarde, una hora algo más tardía de lo habitual en comparación con años anteriores, la hermandad de Jerez se presentaba ante la Virgen del Rocío en su ermita, rindiendo de esta forma el camino de ida a la aldea. Un cuarto de hora después quedaba la carreta situada en la capilla de la casa en la calle Almonte. Hasta ese momento pasaron varias horas desde que al filo de las once y media de la mañana, la comitiva jerezana entraba en la calle Bellavista iniciando así el recorrido ‘urbano’ tan especial de la hermandad que le llevó hasta las mismas puertas de la basílica donde vive la Blanca Paloma. Fue una presentación multitudinaria, pese a las cirsunstancias de esta romería, con unos 200 jinetes y amazonas que precedieron a la carreta del Simpecado, tras la cual se reuniron centenares de rocieros para hacer notar que la hermandad de Jerez estaba haciendo su presentación. Como es norma, los previos fueron hasta cierto punto más intensos ya que las calles de Bellavista y Muñoz y Pavón fueron la calle ‘Larga’ para el Simpecado. Nunca mejor dicho porque la cantidad de grupos de jerezanos y jerezanas reunidos en estas dos vías es tan importante que hoy por hoy la mayoría de las casas están ocupadas por gente de la tierra. Cancelín, De la Albarizuela al Rocío, Los Romeritos, Coro al Alba, La Carbonera, y Los Seis Varales que regaló una impresionante petalada de flores. Estos son algunos de los nombres propios que hablan y saben a Jerez en esta tierra almonteña. Tras dejar atrás Manecorro o La Canaliega, la comitiva enfiló la recta final hacia la aldea cuando pasaba ya el mediodía. Alcanzando Bellavista, los cantes desde los porches anunciaban que el banderín jerezano estaba entrando en la aldea. Desde ese momento como una llamada que nadie hace pero que se conoce que ‘suena’ cada año, la gente se fue arremolinando lo más cerca posible del estandarte mariano no sin padecer momentos de serio peligro por la ‘espantá’ que provocó en los animales la incomprensible decisión de meter a las mulas entre la caballería. Afortunadamente no pasó nada más allá de los lógicos enfados entre los que se vieron más afectados. El calor fue la tónica habitual el mediodía, intenso en algunos momentos, y sin tregua. Los ‘rebujitos’ frescos que fluyeron desde las casas tuvieron una magnífica aceptación ante los muchos grados de temperatura que fueron más de los que dice ‘el hombre del tiempo’ sobre todo en las bullas de la presentación. Jerez entró en su posición décimo sexta como manda la antigüedad de las hermandades. Tras anunicarse en la megafonía que la aldea que Gines estaba presentándose, Jerez fue detrás con una comitiva organizada en la que no faltaron el estandarte, caballos, banderas y estandarte, libro de reglas, Simpecado, peregrinos, carretas y charrés. Entre los invitados estuvieron la alcaldesa, Pilar Sánchez, y el delegado de Cofradías, Joaquín Perea.También se dejaron notar los jinetes portugueses de San Martinho que se trajeron hasta el cura que vino vestido a la usanza lusa y a caballo, tocado por una especie de bombín y con la correspondiente media capa que a ojos de todos era un complemento que incremenntó en algunos grados el calor que sorpotaba éste y la decena de caballistas portugueses que vinieron con Jerez. El presidente de la hermandad Matriz de Almonte y el hermano mayor de este año recibieron a la de Jerez en las mismas puertas de la ermita hasta donde llegó la carreta jerezana empujada por el ímpetu de la fe rociera de esta tierra que volvió a saborear ayer el Rocío en su más plena esencia pero con la impronta de lo que es esta fiesta mariana en su más genuina expresión pero con los singulares ingredientes que le añadió ayer Jerez.
Diario de Jerez