La hermandad de Jerez entra hoy en El Rocío después de haber cumplido un año más con el camino de ida. El tercer día se desarolló por los cauces habituales, una jornada larga en la que se hicieron más de una veintena de kilómetros desde Las Carboneras, donde se hizo la noche del jueves, hasta Guaperal, el lugar de la última pernocta. El calor fue otra vez protagonista, aliviado por el viento de levante que sopló ayer más suave.
La mañana amaneció pronto para la caravana con la obligación de avanzar desde temprano para cumplir con unos horarios que en primer término tenía a las diez y media de la mañana una cita en el paraje de Los Ánsares para la segunda misa de camino. Las arenas volvieron a poner las cosas difíciles sobre todo a la tracciòn mecánica dando mucho trabajo al tractorista de la hermandad encargado de sacar a los coches. El mecánico, el veterano Pepe Veiro, también tuvo que multiplicarse ante las numerosas averías que se sucedieron, algunas tan complicadas que no ofreció solución alguna en medio del Coto.
La gente de los carros fueron a su ritmo habitual, diferente y pausado al compás que marca el Simpecado que enganchó ayer cuatro mulos en la vara para alcanzar la máxima potencia de tiro, aunque el carrero tuvo el talento de ir dando de forma constante un necesario reposo a los animales que ayer, al igual que los días precedentes, sumaron el calor como ingrediente negativo para el esfuerzo.
Tras la misa, la caravana reinició la marcha por las castigadas rodás plenas de arena para llegar al Ángelus que señaló el rengue del mediodía rezándose entre arenas y pinos, los elementos más identificativos del Coto. El Cancelin o Corral de Félix sirvió para abrevar a los animales. Este es un punto muy temido por las profundas arenas que hay que superar para pasar la linde de la finca cuya verja estrecha al máximo la rodá.
Afortunadamente, este año se habilitò otra verja o paso que facilitó el tránsito de la caravana. La Laguna del Sopetón, este año llena de agua, fue el espacio para el largo almuerzo, un paraje de brezos y muy cercano a Palacio. Es la edificaciòn que marca la entrada a la Raya o cortafuegos que conduce finalmente hasta la aldea y donde pasan temporadas de verano los presidentes de los gobiernos españoles y alto dignatarios extranjeros, en algunas ocasiones. La Raya tiene muchos kilómetros donde el paisaje de Doñana cambia por completo para regalar a la vista una extensa estepa de matorral alto donde la juncia y el romero ponen su exquisito y singular aroma.
El hermano mayor, Felipe Morenés, evaluó positivamente el desarrollo de la romería y resaltó sobre todo la participación de los rocieros y rocieras en los actos de culto en el camino. Al igual que él, los miembros de la junta de gobierno más directamente implicados en la romería están pendientes de todo lo necesario para que el camino se desarrolle con normalidad.
Diario de Jerez