No era una mañana cualquiera la de ayer. Ni para el pregonero ni para aquellos hermanos del Sagrado Corazón de Nervión que ayer bautizaron con las aguas catedralicias cada golpe de gubia que Illanes puso sobre él. No era lo habitual que el Pregón tuviera horario matinal. La coronación de la Virgen del Rosario de Burguillos y el interés del cardenal por acudir a la cita con las Glorias provocó el cambio de horario.
Francisco Javier Segura Márquez tomó el atril con la tranquilidad de jugar en casa. Las hermandades de Gloria a las que tanto ha ayudado a lo largo de su corta vida, le devolvieron ayer, con sincero afecto, el cariño dispensado. Fue el suyo un Pregón escrito desde dentro. Desde el conocimiento de lo vivido. Del respeto y admiración a personas anónimas que han depositado en esta fiesta algo más que su propia vida. Con un relato emocionante, engrandeció a las hermandades de gloria a las que definió como «la mejor universidad de cofrades».
Una universidad donde, a veces, falta dinero o hermanos pero cuya riqueza nace en lo más elemental de la historia de Sevilla. El Rey San Fernando, la Virgen de las Aguas del Salvador o la de los Reyes, que lleva en su cara escrito «un Pregón de las Glorias» colmaron el inicio de un Pregón que, en cuestión de segundos viajaba de lo sublime a lo terrenal. Sublime fue el pasaje de la peana de la Reina de Todos los Santos, o el solemne instante en el que sol rompe en la cara de la Virgen del Amparo a la hora justa durante su función. Pero ese discurso mágico de lo bello no impedía al pregonero reconocer las realidades y reclamar el lugar de la juventud. «Nosotros no somos el futuro, somos el presente», aseguró desde su vinculación a hermandades como la Pastora de Santa Marina a la que dedicó todo un tratado de amor sellado con un beso.
El Pregón tuvo un importante componente social dedicado, especialmente, al Polígono Sur y a los niños de los que se ocupa el proyecto Fraternitas, propulsado desde el Consejo. Maruja Vilches, responsable de esta iniciativa y pregonera de las Glorias no ocultó su emoción.
Con el alma encogida quedó Juan Martínez Alcalde, el más persistente investigador que de Glorias existe.
Probablemente, el instante de mayor intimidad del Pregón vino de la mano de la emoción. Francis, como le conocen, recordó a su abuela a la que perdió hace un año. Para ella, que ya lo ocupa, y para él pidió un lugar en el cielo al Sagrado Corazón de Nervión que presidía el acto. «Te lo pido sin pedir, porque yo en tu Amor confío», rezó el pregonero.
Que fuera un escrito confeccionado desde la experiencia se daba por seguro; que gustara, se sospechaba pero que muchos de los presentes acabaran enjugando sus ojos en un pañuelo sólo se explica porque el suyo, el de Francis, fue un Pregón de las Glorias escrito desde el corazón.
ABC Sevilla