El repique general de campanas anunció ayer en Lucena el comienzo de su día más grande y glorioso, el Día de la Virgen, María Santísima de Araceli, patrona de la ciudad y del campo andaluz. La brillante jornada se abrió en San Mateo, la iglesia mayor, con una solemnísima función religiosa, oficiada por el arzobispo coadjutor de Sevilla y administrador apostólico de Córdoba, Juan José Asenjo Pelegrina, que estuvo acompañado por el vicario de la Campiña, Francisco Orozco, así como de Félix Vázquez, párroco emérito y de otros muchos sacerdotes . La Coral Lucentina, acompañada de la Orquesta de Cámara del Conservatorio, dirigidas por Víctor Nájera, ofrecieron, como es tradicional, la Misa del Campo Andaluz, magistral pieza de música sacra, que compusiera hace ahora cuarenta años, Antonio Villa Álvarez de Sotomayor. El acto contó con la asistencia del alcalde, José Lus Bergillos; la directora general de Formación para el Empleo, María José Lara, y de casi toda la corporación municipal, así como del hermano mayor de la Real Archicofradía, Antonio Crespillo Guardeño; su junta de gobierno, Obra Pía y de la aracelitana mayor, María Teresa Torres Muñoz y su corte de damas.
Juan José Asenjo tuvo emotivas palabras de recuerdo para la coronación canónica de María Santísima de Araceli, celebrada hace 61 años, que estuvo a cargo del cardenal Segura, arzobispo de Sevilla, en nombre del Papa Pío XII. El arzobispo habló del significado de la coronación e invitó a lucentinos y visitantes a llevar siempre a Santa María de Araceli en el centro de sus corazones y de sus vidas. Recordó que ayer se conmemoraba la Jornada Mundial por las Vocaciones y dijo que, precisamente, se encontraba en esta celebración religiosa el diácono Juan Carrasco, que el próximo sábado será ordenado sacerdote. La solemne misa, que se prolongó durante más de hora y media, tuvo un emocionante epílogo, cuando el arzobispo recordó sus visitas a Lucena en los últimos con este motivo y dijo que sería la última que haría como administrador apostólico de la diócesis, aunque llevará siempre a esta ciudad y a la Virgen de Araceli en lo más profundo de su corazón.
Por su parte, Francisco Orozco tuvo palabras de agradecimiento para el arzobispo y destacó la gran labor que ha llevado a cabo en la diócesis. La interpretación himno a la Virgen puso punto final a tan importante ceremonia religiosa.
A las ocho de la tarde salió de la parroquial de San Mateo la procesión de la Virgen de Araceli a hombros de una gran cuadrilla de santeros, dirigida por Jesús Tenllado. La imagen lució bellísima con su manto rojo. Entre una multitudinaria manifestación de una devoción popular que se pierde en la noche de los tiempos, con centenares de personas alumbrando en las aceras, la procesión fue recorriendo el centro de la ciudad y, como manda la tradición, desde los balcones de sus casas, los lucentinos arrojaron miles de pétalos de rosas, repartidos muchos de ellos por la archicofradía, y procedentes de la también multitudinaria ofrenda de flores, que convirtió el altar de San Mateo en un gigantesco tapiz vegetal, poniendo con ello una nota de colorido a un itinerario siempre espléndido e inolvidable. Abrieron el mismo la aracelitana mayor y su corte de damas, seguidas de la autoridades y responsables de la Real Archicofradía.
FUEGOS ARTIFICIALES La procesión ha recobrado este año su itinerario tradicional, que se había cambiado debido a las obras del aparcamiento de la Plaza Nueva. Por ello, si cabe, el desfile ha sido aún más multitudinario, dado que hasta la misma climatología quiso sumarse con su benignidad a la festividad aracelitana.
Hacía las once y media de la noche llegó la procesión a la flamante Plaza Nueva. En ella, como manda la tradición, se quemó una fantástica colección de fuegos artificiales, que hizo que el cielo de Lucena brillara con luz propia desde varios kilómetros de distancia. Así se puso un majestuoso broche de oro a una jornada en la que centenares de lucentinas celebraron su onomástica.
Diario Córdobá