
El pasado Domingo de Resurrección a las 17.00 horas iniciaba la corporación jerezana de la Yedra el traslado de regreso a su templo desde la Catedral de la localidad, donde tuvo que refugiarse en la mañana del viernes santo.

Apenas superada la estrechez de la calle Visitación, el palio de Nuestra Señora de la Esperanza (obra sublime atribuida a las gubias de Diego Roldán en el segundo tercio del siglo XVIII) era sorprendida por una fina llovizna apenas perceptible. Como prevención, los pasos de la corporación quedaron arriados mientras se tomaba una decisión sobre la continuación de la estación de penitencia. Tras varios minutos de meditación pudo contemplarse como el paso de misterio se volvía sobre sus pasos e iniciaba la vuelta. A su vez el palio decidía también emprender el regreso a la catedral, caminando el cortejo con el orden de sus titulares alterados por las circunstancias. No mucho tiempo después de iniciada la maniobra la fina llovizna cobró entidad y se convirtió en un aguacero de cierta intensidad que confirmaba el acierto de la decisión adoptada y obligaba acelerar aún más el paso del cortejo camino de las naves catedralicias. Por su parte, las hermandades del Nazareno y la Buena Muerte, aún en la calle, emprendían un acelerado regreso a sus templos bajo el agua.

Con la previsión de que la lluvia pudiese persistir durante toda la mañana (como así hizo una fina llovizna, apenas perceptible pero que calaba considerablemente) la corporación decidió suspender la estación de penitencia y no emprender el regreso desde la Catedral hasta la tarde del Domingo de Resurrección.

Con el cortejo de hermanos debidamente ataviados de traje y pasadas las cinco de la tarde previstas para su salida, la hermandad de la Yedra emprendió el regreso a su templo en una calurosa tarde de Domingo de Resurrección, entre el sol y las nubes y con la asistencia de numerosísimo público, en considerable mayor número que el habitual durante los tramos cercanos a la Catedral durante la madrugada. Nuestro Padre Jesús de la Sentencia y Humildad aparecía no muy adecuadamente ataviado de blanco, sin potencias ni corona de espinas. En la Madrugada ya sorprendió la hermandad al mostrar a la talla titular sin las potencias, aunque vestida como habitualmente en tonos morados, lo cual provocaba dado que la imagen forma parte de un conjunto de misterio que la imagen quedara algo “perdida” en grupo escultórico, no destacando todo lo que debiese. La absurda moda de ataviar las imágenes de Nuestro Señor de blanco que desgraciadamente está cundiendo en algunas cofradías andaluzas parece haber calado también en la señera corporación jerezana.
Lentamente, en exceso, fue avanzando la cofradía y pudo apreciarse en todo momento que lo contemplado se alejaba de la medida y mesura que muestra la corporación en su caminar por la madrugada jerezana. Los excesivos, constantes y absurdos cambios constantes con los que intentaba avanzar el paso de misterio, que en muchas ocasiones daba más pasos hacia detrás que hacia delante, incluidos dichos cambios a destiempo e incomprensiblemente forzados ejecutados durante las “chicotás” a tambor, otra moda imperante cuyo origen puede trazarse con facilidad y que bochornosamente se extiende sobre nuestras cofradías. Con mayor mesura y saber se fue cambiando el paso bajo el misterio de la Sentencia en la madrugada, donde como ya se ha dicho la imagen del Señor de la Sentencia y Humildad, obra de Carmelo Vicenti en 1948, caminó con una elegancia mucho más digna de su conmovedora efigie. Felicitaciones eso sí sean dadas a la Agrupación Musical de la Sentencia, que mostró un altísimo nivel y una notable variedad en el repertorio interpretado, con generosidad, durante todo el recorrido de vuelta.

El cambio de acompañamiento musical en el palio por Alcalde Zoilo Ruiz Mateos de Rota también se dejó notar. Facilitó que se interpretaran una serie de composiciones que rayan ciertamente en lo indigno, traspasando la frontera de lo correcto y adecuado para el acompañamiento de nuestros titulares y cruzando la frontera de lo que es una marcha para internarse en la rumba, la sevillana o el pasodoble. De lo alegre a lo incorrecto o chabacano en alguna ocasión va una línea que se traspasó entre la madrugada del Viernes Santo y el Domingo de Resurrección. El paso de la Señora de la Esperanza avanzó como mejor pudo entre una enorme marejada de cangrejeros, de procedencia foránea a la propia ciudad de Jerez en casi su mayoría, los cuales entorpecieron y obstaculizaron notablemente el correcto discurrir de los titulares de la corporación y el propio cortejo entre la marejada de devotos que se arracimaban en las aceras, especialmente en la calle Sol y hasta la entrada, a la espera de poder contemplar al Señor de la Sentencia y la Virgen de la Esperanza. El elegante caminar del palio de la Señora pudo solo contemplarse a ratos ya que la cuadrilla se vio obligada constantemente a frenar su avance dados el enorme impedimento que suponía el enorme muro de personas que avanzaba de espaldas, ante el palio, interponiéndose en su camino con total descaro, falta de civismo y de respeto hacia la imagen de la Santísima Virgen. Ojalá pronto pase esta moda tan deleznable de obstaculizar cortejos por el propio lucimiento y ego, como son los cangrejeros.

Como bien puede extraerse del artículo, sensaciones muy distintas pudieron percibirse en las dos ocasiones que caminaron sus titulares por las calles de Jerez: de la corrección en líneas generales que esta corporación jerezana luce durante su estación de penitencia en la Madrugada, a este traslado de vuelta en Domingo de Resurrección en el que se quiso transmitir una imagen “gloriosa” que en muchas ocasiones traspasó la línea de lo alegre aunque correcto, internándose en el jolgorio y la desmesura. Afortunadamente devotos de las impresionantes imágenes titulares de la corporación no faltaron, más bien se dieron cita a centenares especialmente en las cercanías de su templo donde tenía su entrada prevista a las 21.30.
Rogelio Rubio Segura