Organizar un desfile procesional es una dura misión. Organizarlo en un reducido espacio, encajado entre paredes sagradas pero que parecen menguar conforme crece el cortejo, resulta misión casi imposible. Superar las trabas, resolver los nuevos problemas planteados cada año, sólo está al alcance de unos pocos, unos cuantos cofrades que añaden al mérito comunitario el de organizar la procesión haciendo el más difícil todavía. En la capital gaditana hay tres cofradías que saben perfectamente lo duro que resulta trabajar condicionado por el ladrillo, por el alto y el ancho. Se trata de La Palma, Ecce-Homo y Caminito.
La primera en procesionar, el Lunes Santo, es La Palma, que solventa su papeleta con imaginación y, sobre todo, apoyándose en la colaboración de los colegios María Milagrosa y La Salle Viña. Pepe Rodríguez, mayordomo de la hermandad, relataba a Diario de Cádiz cómo organizan el desfile cada año. “Tenemos la suerte de contar con la colaboración de las hermanas del colegio María Milagrosa, puesto que en su pabellón podemos ir situando a los nazarenos, mientras que en La Salle-Viña aguarda la penitencia del paso de misterio y del palio”.
Dentro de lo que cabe, La Palma puede al menos mantener a las cuadrillas de sus pasos dentro del templo. “Los cargadores preparan los pasos para la salida, los sitúan en el lugar apropiado para iniciar la maniobra y se retiran otra vez”. Una vez que han salido los penitentes del Cristo, comienzan a organizarse en el pabellón las secciones de la Virgen de las Penas. La penitencia se incorpora al cortejo una vez que pasa por el colegio lasaliano. Pepe Rodríguez recuerda una anécdota. “La penitencia la componen unas 700 personas, así que recuerdo que el año que la procesión no cogió por delante del colegio de La Salle hubo que llevarla organizada por Cristo de la Misericordia hasta la calle de la Palma y así darle encuentro a los pasos. Fue complicado”.
Las reducidas dimensiones de la parroquia de La Palma no sólo influyen a la hora de organizar el desfile, también tiene una importancia capital cuando se trata de sacar ambos pasos, sobre todo el palio, puesto que para la salida del Cristo se recogen las patas y además la cruz se recuesta. El palio es otro cantar. “Hay que sacarlo prácticamente a ras de respiradero, levantar a pulso para soltar la altura del paso justa para poder doblar las patas”. Esta maniobra, que ya resulta complicada a la salida, duplica la exigencia de los cargadores cuando llega la recogida.
A la salida, las bandas de música (Banda de cornetas y tambores Santísimo Cristo del Amor de El Puerto en el primer paso y Banda de música Enrique Galán de Rota en el segundo) se concentran en la plaza Macías Retes, desde donde arranca su peregrinar detrás de ambos pasos.
Es el esfuerzo de la hermandad viñera que cada año encuentra recompensa, no sólo el que realiza para procesionar sino el que lleva a cabo de manera cotidiana para ayudar a levantar a su barrio, un barrio que sabe cómo sortear las barreras para mirar con la cara levantada el futuro.
Pero si complicado lo tiene La Palma, más aún Ecce-Homo. En la calle Ancha no hay colegios colaboradores adyacentes ni pabellones que comunican con el templo. Lo que hay es lo que hay y lo que hay es lo que cuenta. San Pablo y sólo San Pablo. De hecho, la cofradía no tiene ya estos últimos años ni siquiera una Casa de Hermandad. Así pues, los miembros de ambas cuadrillas han tenido que vestirse y tallarse en la Asociación de la Prensa -que ha cedido sus instalaciones desinteresadamente- los del Cristo y en una peña cercana los del palio.
José Luis Rodríguez Martínez, hermano mayor de la cofradía, reconocía a este medio que organizar el cortejo es una auténtica odisea y que la falta de espacio obliga a ser tremendamente estrictos a la hora de permitir el acceso al templo. “Llegamos a colocar porteros o seguridad en la puerta para que sólo entren personas que posean el control de salida”.
El desfile se organiza del siguiente modo: justo antes de que la Cruz de Guía salga, la cuadrilla del paso de misterio entra y ocupa ya sus posiciones. Comienzan a salir los penitentes y el Cristo, es entonces, sólo entonces, cuando entra en el templo la cuadrilla de la Virgen de las Angustias, que se mete bajo el paso y espera a que los nazarenos le permita encarar una de las maniobras más complicadas de la Semana Santa gaditana, puesto que la reducida anchura de la puerta de San Pablo hace que tanto el paso del Cristo como el Palio pasen prácticamente rozando sus paredes y queden a pocos centímetros de ellas. “Ambos pasos salen a ruedas porque el espacio con que contamos para maniobrar es muy corto -dice José Luis Rodríguez-;antes sólo era la Virgen la que lo hacía y el Cristo se sacaba a brazo, pero ya también lo hacemos con éste para ir mentalizándonos para cuando el paso nuevo del misterio esté acabado”. No obstante, advierte que este año se ha modificado el sistema de ruedas, que se hará por “rodillos” y esperan que sea “más fácil sacarlos”.
La recogida se realiza por el mismo procedimiento. “No entran los hermanos que no hayan procesionado ni los familiares”. Como dato curioso destacar que debido al gran trasiego de personas dentro de la iglesia hay dos hermanos que se encargan de los niños que procesionan, “que son muchos” y que los recogen en la misma puerta. “Los padres que quieren nos dejan sus números de teléfonos para que los tengamos controlados y son los que nos ayudan en caso de necesidad”.
Las bandas de música son otro cantar. La de la Virgen (Banda Municipal de Música Fernando Guerrero de Los Palacios), es la que se encarga de tocar también a la salida del Señor del Ecce-Homo la marcha que lleva su nombre, por lo que se coloca en la calle Ancha. La del Cristo (Banda de cornetas y tambores Nuestra Señora del Rosario de Cádiz) se sitúa en la calle San Miguel y espera el tránsito del paso para seguirlo.
El hermano mayor del Ecce-Homo destaca también como uno de los mayores logros
“la gran colaboración de los hermanos, todo el mundo está concienciado del
problema de no tener espacio ni para la secretaría y pone su granito de arena”.
Pero, a la hora de presumir de falta de espacio, la cofradía que se lleva la
palma es el Caminito. José Pablo Chaves, su mayordomo, relata que las
vicisitudes arrancan con la
Cuaresma, desde la hora de organizar los cultos, que terminan
el Viernes de Dolores. “Por eso no podemos comenzar el montaje del paso hasta
el sábado y es el lunes cuando se abre la capilla para la oración”.
El martes es el día dedicado a la colocación de las flores en el paso de
Nuestra Señora de las Angustias, así como de la cruz y el manto. “El mismo
miércoles -relata José Pablo-, una hora antes de que se inicie la procesión, se
desmantela todo lo que sobresale del paso, cruz, caracolas, caídas... y se saca
a la calle, en una operación que resulta bastante complicada. Esto nos lleva
más o menos un cuarto de hora, por lo tanto tenemos tres cuartos de hora para
montarlo de nuevo al completo en la calle Isabel La Católica”.
Los penitentes se organizan en el Convento del Corpus Christi de las Carmelitas
Descalzas, mientras que la penitencia, numerosísima, se ubica a medias entre la Central Lechera y
el Rebaño de María. “El paso queda embocado hacia la plaza de Argüelles para
que todos los hermanos, cuando van iniciando el cortejo puedan verlo”, dice el
mayordomo de la hermandad.
Como anécdota José Pablo Chaves recuerda que hace dos años tomaron la decisión
de salir pese que los partes meteorológicos no eran buenos (de hecho fue la
única procesión que lo hizo el Miércoles Santo).
“Decidimos adelantarlo todo para intentar librarnos de la lluvia. Recuerdo que lo montamos todo en un cuarto de hora, fue una aparente locura en la que todo el mundo sabía perfectamente lo que tenía que hacer. Hicimos el recorrido en dos horas menos de lo habitual”.
El Caminito también cuenta con el fervor de otro barrio, en este caso San Carlos, que se vuelca con esta ejemplar cofradía.
Diario de Cádiz