martes, 14 de abril de 2009

Pasó todo y por delante casi doscientos cincuenta días para volver a revivir una nueva Semana Santa. Ahora llega el turno de desmontar, de limpiar y de recoger todo lo que se preparó en  Cuaresma cara a la salida procesional. Túnicas que mandar a la tintorería, cera que quitar de la candelería, enseres que nuevamente hay que colocar en las vitrinas, labor que necesariamente hay que llevar a cabo pero que al contrario que semanas anteriores cuando la ilusión presidía estos actos, ahora el cofrade lo realiza porque no queda más remedio.

Llega el tiempo de analizar, de revisar y conocer como fue la procesión y toda la cuaresma en la hermandad, porque por muy bien que fuese la cosa, siempre habrá cosas que se puedan mejorar. De nada sirve contentarse con hacer las cosas medianamente bien, hay que luchar porque el año que viene salgan aún mejor las cosas, porque es posible.

Es tiempo de volver a la rutina, de retomar aquellas cosas que quedaron aparcadas durante la Cuaresma y la Semana Santa. Y no es fácil para los cofrades, no ya por el cansancio físico que aún hace mella en ellos, sino por las vivencias de cada cual, esas que tan intensamente hemos vivido durante los últimos días. Y es que tan sólo los cofrades sabemos que nos pasa cuando la última procesión acaba.


Publicado por elpretorio @ 0:00  | La Tribuna
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