Suena el eco de los metales de la agrupación musical
Virgen de los Reyes en la
Encarnación. La hermandad de la Resurrección vuelve a
Santa Marina tras efectuar su estación de penitencia en la Catedral, donde estuvo
acompañada por el cardenal. El Señor Resucitado está entrando en la calle Santa
Ángela de la Cruz. El
cortejo de nazarenos blancos camina pausado, tranquilo, demasiado quizás para
una cofradía que lleva ya muchas horas en la calle.
El cansancio empieza a hacer mella en los hermanos. Muchos de ellos descansan
en cuclillas o sentados en las aceras a la espera de que la cofradía vuelva a
andar. Algún otro habla bajo el antifaz disimuladamente por el teléfono móvil.
Los diputados de la cofradía ponen especial empeño en que las muchas personas
que se concentran en la calle Santa Ángela para ver el paso de la procesión no
invadan las filas de nazarenos. Misión complicada tienen estos diputados puesto
que el cortejo va de manera muy espaciada a esta hora de la mañana.
Si la hermandad se queja, sin que le falte razón, de que el camino de ida hacia
la Catedral
resulta especialmente desolador, en el camino de regreso desde que sale de la Catedral hasta que se
recoge en la iglesia de Santa Marina la cofradía va acompañada de mucho público
en todas las calles por las que pasa. La calle Santa Ángela está abarrotada. El
primer paso llega a las puertas del convento a los sones de los cantos
litúrgicos, adaptados a marcha procesional, que le toca la banda. Las monjitas
cantan al Señor Resucitó: "Con Él vivimos, con Él cantamos".
Tras los rezos, el paso se levanta a pulso. La banda interpreta otro canto
litúrgico: Abrid las puertas del cielo en honor a las Hermanas de la Cruz. El paso se pierde
buscando otro convento, el del Espíritu Santo, y otros rezos. Gitano de
Sevilla, Alma de Dios, La Salve,
Nazareno y Gitano... Los de Virgen de los Reyes, que vienen con mucha fuerza,
echan el resto. El público lo agradece y la cuadrilla, que lo borda, se gusta.
Hay tiempo mientras llega el palio para observar con tranquilidad los detalles
de la cofradía, que sigue pasando de forma muy pausada. La representación de
los Javieres antecede al estandarte propio. Hermanamiento fruto de la
convivencia que mantuvieron las dos corporaciones en Santa Marina por las obras
de Omnium Sanctorum, sede de los Javieres.
La hermandad ha protagonizado este año una iniciativa encomiable al destinar la
mayor parte del gatos de las flores de los pasos para obras de caridad. El
Resucitado llevaba un exorno de claveles rojos y algunas rosas, mientras que la Virgen iba exornada sólo
con claveles rosa pálido, que se han visto más de lo normal este año.
Llega la Virgen
de la Aurora
por la estrechez de la calle. Antonio Santiago, siete días después de abrir la Semana Santa en la Paz, viene mandando el paso
que trae una considerable bulla delante. El paso de la Aurora, que por lo general
suele pasar desapercibido, tiene una magnífica orfebrería realizada por los
Hermanos Delgado. La banda de las Cigarreras interpreta una de las
marchas que más se ha escuchado esta Semana Santa: Encarnación coronada.
Composición de melodía sencilla y pegadiza y con un resultado muy efectista al
tener una parte del Ave María cantada. Efecto conseguido. Todos entonan la
letra, al menos la tararean. Últimos rezos de las monjitas a un paso esta
Semana Santa. También ellas llevan una buena paliza en lo alto. De la Amargura al Resucitado.
Siete días, como Santiago. El palio prosigue su camino, con la misma lentitud
del Cristo. La banda interpreta Esperanza Macarena. "Esto sí que es una
marcha", se escucha en la bulla.
Diario de Sevilla