Gente y mucha ayer en las calles del centro al encuentro
de La Sentencia
y La Esperanza. La
anodina tarde del Domingo de Resurrección se convirtió en una fiesta alrededor
de la cofradía de La Yedra
que ayer volvía a su barrio después de que en la Madrugada se quedara en la Catedral a causa de la
tímida lluvia que apareció a esa hora ya de la mañana.
Entonces, la decisión fue regresar el domingo por la tarde, como viene siendo
habitual para las hermandades que suspenden su procesión, aunque lo de ayer más
que un traslado fue otra cosa. No se trataba de reeditar el final de la Madrugada y la mañana
del Viernes Santo pero la gente de la Plazuela sí que se lo tomó así, incluso sin
meterse prisas en el cuerpo.
Todo fue muy lento, demasiado tal vez para lo que en esencia se trataba. Los
pasos anduvieron muy despacio, a casi marcha por chicotá celebrando cada paso
que se daba en dirección hacia la capilla como intentando retrasar al máximo el
final. Y en la Plazuela
ya no se cabía desde mucho antes de que la cruz de guía de la hermandad asomara
por Sol. Salió un poco más tarde de las cinco que era la hora prevista. Ya en
los alrededores de la
Catedral esperaba una muchedumbre para acompañar a La Sentencia y La Esperanza hasta su casa,
un gentío que no se separó de estas imágenes en ningún instante. En el cortejo
estuvieron lo hermanos con cera, no todos los que salen en la Madrugada porque la
distancia entre los pasos no era la idónea como para que las bandas no se
molestaran. El Señor de la
Sentencia vistió para la ocasión una túnica blanca y sin
potencias, por aquello de la solemnidad que se celebraba ayer. Las flores
fueron rosas de un color rojo oscuro casi burdeos. Detrás, el paso de palio con
La Esperanza
como siempre hermosa rodeada de calas, rosas y alelíes todo en tonos blancos.
La música la puso en el misterio la agrupación de la propia hermandad y detrás
del palio no estuvo ayer la misma formación que llevó en la Madrugada, siendo la de la Fundación Alcalde
Zoilo Ruiz Mateos de Rota la que cumplió y muy bien su cometido notándose ayer
y en las salidas que ha tenido en Semana Santa una importante mejora.
Miguel Ángel Jaén mandó a los costaleros del misterio que lo llevaron
respetando las formas con las que sale a la calle, trabajando cada una de las
marchas. Ayer no fue el día de ahorrar esfuerzos porque los cuerpos y las ganas
estaban intactas para tan corto recorrido. El palio, a las órdenes de José Luis
Erdozáin, dio el aire especial al caminar de La Esperanza, cuadrillas
que echaron también el resto para su mayor y mejor lucimiento.
La tarde estaba bastante fresca con viento y cielo despejado. Entre los
cofrades fue la excusa perfecta no sólo para vivir momentos 'semansanteros'
sino también para hablar de lo que quedó atrás. Y entre tanto, La Esperanza seguía
paseándose por una repletas calles en las que se disfrutaba de esos instantes
que musicalmente se adornaba con insistencia con marchas dedicadas a las
coronadas como queriendo aprovechar la coyuntura para seguir en el empeño en el
que ahora está la hermandad. La salida a las cinco de la tarde, Catedral, el
ambiente y el ritmo del 'traslado' sonaba a como si se estuviera en otro tipo
de regreso, de coronación, por ejemplo. No fue así pero se pareció.
Diario de Jerez