Un paseo por las calles de la ciudad nos permite ver como su fisionomía se va adaptando a la cada vez más cercana Semana Santa. Palcos y tribunas que van creciendo, balcones que se van engalanando para recibir al Rey de Reyes, tinglaos que empiezan a levantarse. Todo conforma otro anuncio del fin de la Cuaresma. Otro conjunto de señales distintas a las que surgen en el interior de los templos donde la labor de las hermandades no cesa. Ambas complementarias y que conforman el ritual del sentir cofrade en estos días.