Ha sido un fin de semana cargado de una variada actividad cofrade donde ha habido un poco de todo. Pero entre esas citas han resaltado algunas por su singularidad como la apertura del besamanos de la Estrella que fue por primera vez el sábado para concluir el domingo. Los antiguos alumnos de los colegios de La Salle aprovecharon la oportunidad para desarrollar su anual ofrenda a la Dolorosa de la Escuela de San José, una ofrenda que se materializó en la voz y el talento de Antonio Moure .
El día antes, la hermandad del Santo Crucifijo de la Salud vivió el hecho histórico de llevar a la Virgen de la Encarnación al cercano convento de Las Clarisas. Estas religiosas recibieron la patente que las acredita como camareras de honor de la imagen. Todo transcurrió en un acto que contó con un numeroso público que llenó la pequeña capilla del convento de la calle Barja para no perder detalle de todo lo que sucedió y de presenciar la singular estampa de La Encarnación, que fue llevada en unas pequeñas andas, vestida con el mismo hábito que usan estas religiosas de absoluta clausura. El ofrecimiento lo hizo la hermandad, después se rezó la Corona Dolorosa, con cantos de las monjas intercalados entre las oraciones. La hermandad prescindió de estandartes y los 140 hermanos portaron cera formando un amplio Cortejo tras la Cruz de Guía de la cofradía.
Finalmente destacar también el regreso a la Catedral de la imagen el Señor del Ecce Homo de la hermandad del Mayor Dolor. Con este acto se puso punto final a una ausencia de varios meses por el proceso de restauración a que ha sido sometida la talla en el taller de Francisco Bazán. El resultado ha sido altamente satisfactorio, como se pudo evaluar por parte de los presentes e incluso de parte del mismo restaurador.
Diario de Jerez