Hay un par de síntomas claros que denotan en estos días que tenemos a un cofrade delante nuestra. El cansancio y la alegría. A estas alturas de la Cuaresma el cofrade quisiera estirar las horas para que le cundiese más. La solución para intentar conciliar su vida personal con la cofrade pasa por dormir menos. A eso hay que sumarle también el ajetreo de estas fechas, que junto a los madrugones hacen que el personal sueñe con descansar, algo que no podrá llevar a cabo hasta que Resucite el Señor. En otra época del año el cansancio y la falta de sueño provocarían un estado de ánimo peligroso para quien se cruzase en el camino del cofrade, pero en Cuaresma no. Pese a todo esto, los cofrades son felices en esta época, sólo hay que verlos tarareando marchas cuando caminan por la calle o como se alegran al contemplar por enésima vez que de los naranjos ya brota el azahar.