20 días. Hoy, justo, quedan 20 días. Hemos alcanzado el ecuador de esta espera de cuarenta días y cuarenta noches, que llevará a abrir la Semana Santa. Las albacerías, colapsadas, agotan todas sus provisiones de limpia plata. Las tulipas vuelven a ver florecer las esbeltas velas. Las perchas se quedan desnudas de sus túnicas. Los atardeceres se recrean en las notas musicales de las bandas que terminan de afinar los compases de la Pasión. Y los pregoneros, a estas alturas, ya estarán repasando las saetas sentidas que desde las tablas cantarán la Semana Santa. Sólo quedan dos fines de semana de por medio; sólo un número capicúa más en el calendario; sólo un suspiro. Son tantas las implicaciones de que hayamos alcanzado el ecuador de la cuaresma, que basta suspirar para ver, ya ahí cerca, la Semana Santa llegar. Y soñar.