Cual gobernante que rige los destinos de su territorio desde su palacio, alejado de la realidad y ajenos a los ciudadanos, así algunos manejan las hermandades. Cómodamente sentado en su sillón, rodeado de una cohorte de aduladores, decidiendo sobre lo humano y lo divino sin tener en cuenta nada más que sus ensimismamientos. Así nos va. Juntas de gobierno meramente decorativas cual tapiz colgado en el salón principal del palacio del regidor. Democracia existente sólo de palabra, pues la mera expresión de opinión distinta puede ser considerada traición. Hermandades estancadas, apenas con un leve pulso que las mantiene vivas, porque por suerte sobreviven a todas las personas, aunque haya quien piense que ellos son la hermandad. Llegará Semana Santa y nuevamente se obrará el milagro, como la primavera, la vida resurge para dar una imagen distorsionada de la verdadera realidad, porque que una hermandad salga en procesión no supone que goce de buen estado de salud, es más la auténtica estación de penitencia es durante el resto del año.