Desde comienzos de esta semana se ha puesto en marcha el nuevo régimen de visitas a la Colegiata del Salvador de Sevilla. A una mente pensante se le ha ocurrido cobrar a las visitas turísticas para así hacer caja, hasta ahí nada que objetar. El problema viene cuando un devoto no sevillano ni residente en esa provincia quiera rezar ante los titulares de Pasión o el Amor, pues la solución que plantean es que o esos visitantes entran en el horario de culto, dos horas al día, o bien pasan por caja y pagan tres euros como cualquier turista. Y eso no me cuadra, porque estarían cobrando por rezar. Con esa medida limitan la veneración de Pasión y el Amor a los hispalenses de nacimiento o residencia, haciendo que paguen a cualquier devoto de estas imágenes encima que se pega unos cuantos cientos de kilómetros para verlos. Así que estas hermandades deberían plantearse si merece la pena seguir residiendo en un museo, pues así podríamos calificar ese maravilloso templo, ya que la mayor parte del día tendrá fines turísticos, quedando el horario de culto reducido a dos horas vespertinas. Y el cofrade foráneo que se plante en Sevilla que intente cuadrar su visita con el horario de culto del Salvador, porque si no es así y no está dispuesto a pagar por rezar, se quedará sin recibir la paz espiritual que por ejemplo transmite el Señor de Pasión. Y hablando de Pasión, de que servirá que el Señor esté en besapie permanente si para poder besarlo tendré que pagar tres euros, o esperar a que por la tarde abra la iglesia para los cultos. Y eso tampoco lo aseguraría como en alguna ocasión hemos encontrado cierta parte de la iglesia acotada durante la celebración de los cultos. Así que la cosa pinta muy mal. No sé si los devotos no hispalenses de Pasión y el Amor deberíamos empezar a protestar donde correspondiese ante esta medida, porque miren ustedes la paradoja que se puede dar, que un sevillano ateo puede visitar el templo gratuitamente, pero un devoto de Pasión tenga que pagar tres euros para poder rezarle cara a cara.