Llegó a Sevilla hace una década, aunque si no fuera por su parla italohispana, bien podría pasar por un cofrade más del Arenal. Conoce al dedillo y se desvive por su hermandad de las Aguas, de la que es director espiritual desde hace cuatro años. Monseñor Giovanni Lanzafame ha sido predicador de sus cultos, consejero en horas de marejadilla, nazareno morado y... el próximo Lunes Santo cumplirá con uno de sus sueños: ser costalero del palio de la Virgen de Guadalupe.
“Siempre he soñado con dar una chicotá. Era un deseo que me siempre ha rondado por la cabeza”, relata el perlado siciliano. Pero ha sido una promesa la que le llevado a dar este paso decisivo: “El año pasado dije que si salía bien de una cirugía bastante difícil me metería bajo el paso.” Y así será. Al menos ya tiene el costal, la morcilla y las zapatillas de esparto. El capataz Salvador Perales le hizo entrega de la ropa en la igualá del palio. “No me lo esperaba. Lo he recibido con mucho cariño”.
Su debut vendrá motivado por dos aniversarios muy significativos para los costaleros de las Aguas: las bodas de plata de la creación de la cuadrilla del palio y el décimo aniversario de la muerte de José Carlos, costalero del paso de misterio. “Es una forma más vivir la Semana Santa, rezando en el palo. No quiero protagonismo, lo hago como un servicio más a la hermandad”, aclara monseñor.
Aunque aún no sabe en que palo irá, lo cierto es que su intención es hacer la entrada del paso de Guadalupe: “Entraré en el Arco del Postigo, a la altura del azulejo que recuerda la memoria de Juan José”. Será su particular homenaje al mundo del costal. Labores que compaginará con sus obligaciones como director espiritual de la cofradía que preside Vicente Camacho. Y es que el próximo Lunes Santo tendrá doblete. La salida del cortejo lo hará como sacerdote en la presidencia del paso del Cristo de las Aguas, al que acompañará en sus primeros pasos en busca de la Campana. A la salida de la Catedral, Giovanni tendrá que darse prisas para cambiará el alzacuellos por el costal.
Bajo las trabajaderas no será un novato. En su vasto currículum está el haber sido costalero antes que sacerdote. “Fue en mi tierra, Catania. De joven sacaba a la Virgen de los Siete Dolores el Viernes de Dolores”, recuerda con nostalgia. Ya sea portadore en Italia o costalero en el Arenal, el incombustible Giovanni hace historia al bajarse del púlpito y enrolarse bajo las trabajaderas sevillanas.
El Correo de Andalucía