
Desde hace pocos años nos acercamos en el mes de enero a la iglesia de la Trinidad, donde con motivo de su festividad se celebran cultos en honor de Nuestra Señora de la Paz, una preciosa imagen que poco a poco recupera su esplendor.

Da alegría contemplar como los feligreses la contemplaban y como algunos cofrades la redescubren. La Santísima Virgen vestía sus mejores galas situada sobre una peana dorada, mientras su camarín lo ocupaba un Niño Jesús, que elevaba la mirada al cielo.
Fotografías: Antonio Jara




