La Semana Santa discurría así, tranquila, sin sobresaltos. Fría y de invierno. El Viernes Santo iba a ser el primer día de una nueva primavera que es cuando estallan las flores. Al Señor, que tanto le gustan las metáforas de la vida, deseó que ese día en su túnica morada y lisa estallaran los cardos, símbolo de las amarguras que encuentra el hombre en el camino. El Gran Poder que alivia los sinsabores, que se queda con los cardos y entrega bálsamo para curar el cuerpo y el alma, creyó que después de tantos años era bueno que los hombres le vieran así. Y así lo vimos en 2009. Podrá pasar un siglo y dos que jamás olvidaremos esa imagen. Este año el humilde carpintero de San Lorenzo quiso, al nacer la primavera, que las generaciones de hoy entendieran su misión en este mundo. Y también de paso su enorme, inmenso, infinito, absoluto y Gran Poder.
ABC Sevilla