domingo, 23 de noviembre de 2008

Medinaceli es una larga fila de devoción. Filas interminables de penitencia cada Madrugada de Viernes Santo o de colas de devoción en la plaza de Fray Félix cada primer viernes de Cuaresma. Todas ellas son personas anónimas, de diferentes clases, posiciones, profesiones y aficiones. Pero que cada viernes, siempre viernes, buscan un hueco en sus labores para ir hasta Santa Cruz y ver al Señor Cautivo.

Así son muchos de los hermanos de Medinaceli. De esa larga penitencia de devotos con que cuenta su cofradía. Y entre ellos, ayer recibieron una mención especial los que habían cumplido nada menos que 50 años de pertenencia a la corporación o habían superado esta antigüedad. En total fueron 66 homenajeados los que estaban convocados al acto organizado por la junta de gobierno, a los que se suman otros cuatro o cinco que no pudieron asistir por estar enfermos y una decena más a los que ha sido imposible localizar. Y eso lo sabe de sobra el hermano mayor, Francisco Hernández, que se ha encargado de buscar "uno por uno" a todos estos hermanos, conociendo en su labor de meses muchas historias y anécdotas en torno al Medinaceli. "Me he llevado una satisfacción muy grande. Ha sido una alegría absoluta", asegura Hernández.

Estos hermanos son, por su antigüedad, los primeros de una larga penitencia, escondiendo tras sus nombres y números de censo muchas historias y anécdotas. Y muchos años de dedicación y trabajo por la hermandad. Como los que lleva a sus espaldas Domingo Enrique Tejada Ponce, que según testimonia un trozo de papel que guarda en su cartera se dio de alta en la cofradía el 1 de noviembre de 1949. Tenía entonces 28 años y desde entonces no se ha separado de "mi Cristo". "Yo no soy capillita, soy cofrade de Medinaceli. Nada más. No conozco ni sé los nombres de ninguna Virgen, salvo la de Soledad de Santo Entierro y la del Rosario", comentaba Domingo Tejada el viernes en el besapié del Cristo. Ahora tiene "casi 88 años" y sigue vinculado a la hermandad.

Una junta a la que entró recién hecho hermano, "cuando vino a verme a la tienda que tenía en la calle Pelota Antonio Márquez Ávila". Él asegura que no quería aceptar porque estaba ocupado con muchas cosas. "Pero lo consiguió", afirma acordándose del que fuera hermano mayor de Medinaceli. Desde entonces ocupó diversos cargos en la junta "hasta que me hicieron tesorero, donde me he llevado unos 20 años". De ahí pasó a ser vicehermano mayor y ahora sigue en la junta como vocal.

Tejada -que es todo un referente de la hermandad- guarda muchos recuerdos de sus muchos años en la cofradía, "como cuando nos reuníamos con los del Perdón el Viernes por la mañana y nos tomábamos una cervecita y un pescaíto que comprábamos en la calle Sopranis". De todo lo que abarca su memoria, el mejor momento que ha vivido en la hermandad es "cuando me impusieron el escudo de oro de la hermandad", en reconocimiento a su entrega.

Ahora ya no hay pescaíto en las mañanas del Viernes Santo, porque desde hace unos años Domingo Tejada no puede salir en la procesión. Se tiene que conformar con verla pasar por su casa del Palillero. "Pero mi mujer sigue saliendo y mi hija, mi hijo, su mujer y dos de mis nietos también", señala.

Ayer, como otros hermanos de Medinaceli, recibió el reconocimiento de la hermandad por su devoción y entrega. Pero él aseguraba "haber recibido ya todo lo que podía tener". Cuando decidió "apuntarse a la cofradía", era el hermano número 36 y hoy ostenta el número 2 de la corporación. Él -y el resto de homenajeados- son hoy los primeros de una larga penitencia que cada viernes, siempre viernes, acude a ver a Su Cristo.

 

Diario de Cádiz


Publicado por elpretorio @ 21:41  | Cádiz
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