Sigue digiriendo la noticia de su designación como pregonera de la Semana Santa para 2009, pero ya lo puede compartir. Se ha quitado un peso de encima, pero le queda ahora el reto de escribir el texto que marcará el próximo curso cofrade. La oportunidad que tiene por delante es, como ella reconoce, un regalo inesperado. Entrevista a Ana María Flores.
-¿Cómo ha vivido estos primeros días desde que le propusieron como pregonera?
-Al principio ha sido muy difícil, porque todavía estoy asimilándolo. Es algo que nunca me había planteado y dije que sí por los argumentos que me dieron, pero es duro darte cuenta de la responsabilidad que tienes por delante.
-¿Qué reacciones ha habido en su entorno cuando se conoció la noticia?
-Los amigos y la familia han reaccionado muy bien, como siempre. La gran sorpresa ha sido la reacción en mi instituto. Allí hay muchas personas de distintas ideologías, pero el cariño ha sido unánime. Incluso por parte de los alumnos, algo que era inesperado y me han aplaudido en todas las clases. El viernes suele ser un día duro porque tengo muchas horas de clase, pero hoy he tenido afecto por todos los lados y me ha llamado gente con la que no hablaba desde hace años.
-¿Cuál ha sido su vida cofrade?
-Nací en la Paloma, donde he estado desde niña y luego conocí aquí a mi marido (Fernando Valero). Esta cofradía es como mi casa. Con el Monte Calvario me une la amistad con muchas personas, en especial con don Manuel Gámez, que es un miembro más de la familia. Con ellos comparto un compromiso muy intenso, en especial después de las desgracias que ha sufrido la hermandad y que nos ha unido mucho. Eso me lleva a intentar organizarme lo mejor que puedo para ayudar en las dos cofradías. Mi tercer amor es las Penas, a la que llegué por amistad con Paco (Calderón, hermano mayor de la hermandad) y con su mujer Conchi, de quien somos amigos desde niños. Quedaría El Chiquito, que es mi familia. Es un barrio entero a su alrededor. Nací al lado de la iglesia y lo que más me impresiona es que siempre hay alguien enganchado a la reja.
-¿Cuándo tiene previsto empezar a redactar el pregón?
-La mente no ha parado de pensar desde el primer momento, pero primero tengo que reorganizar mi vida cotidiana y luego me pondré a trabajar. Ya he empezado a sacar material y cosas que me han gustado. Primero haré un esquema y, lo que veo más difícil, estructurar las ideas.
-¿Cómo espera que será el pregón?
-No tengo una pluma privilegiada, pero lo voy a redactar de forma directa y no intentaré ser lo que no soy. Mi intención es no molestar a nadie, pero diré lo que creo que es necesario que hay que decir.
-¿Hay algún pregón que le haya marcado?
-Ha habido muchos pregones, en especial los que han dado cofrades malagueños, porque son los que más conectan con nosotros y conocen esa realidad. El de Federico Fernández Basurte me encantó, el de Jesús Castellanos, Carlos Ismael, Salvador Villalobos... Sería injusto olvidar pregones que han marcado un hito, como el Jesús Saborido o el de José Luis Hurtado de Mendoza. Por supuesto, también el de don Manuel Gámez y el del padre Zurita.
-Es la cuarta mujer en ser pregonera, ¿cree que las mujeres aportan algo distinto?
-No me gustan las diferencias. En las cofradías he hecho lo que he querido. Quizá sea una privilegiada, pero nunca me he sentido diferente. Es verdad que la Paloma siempre ha sido innovadora y ya en los años 70 Paco Hermoso tenía tres mujeres en la junta de gobierno, entre las que estaba yo. Además fui de las primeras en salir de nazareno. No he tenido cortapisas por ser mujer, aunque eso depende de las aspiraciones de cada una, por eso no me gustan las generalizaciones.
La Opinión de Málaga