
Concluido el Pontifical con el que la Esperanza de Triana celebraba el IV Centenario de la hermandad de las Tres Caídas, la procesión extraordinaria del Cristo de las Tres Caídas estaba a punto de comenzar. Procesión extraordinaria aunque desde la hermandad nunca se haya calificado así, pues no era un simple traslado de vuelta y a lo sucedido nos remitimos. Brilló el Señor de las Tres Caídas con luz propia en una noche que no era Madrugá pero que bien podía serlo por la cantidad de personas congregadas. Tres horas antes de que el Nazareno llegase a la capilla de la Estrella ya estaba lleno este enclave.

En Pagés del Corro apenas se cabía cuando desde un colegio cercano a las Mínimas salía el cortejo, integrado por más de 300 hermanos, que con la ayuda de la policía tuvo que abrirse paso para alcanzar el centro de la calle. En el altar el cuerpo de acólitos esperaba la levantá del Señor, momento que fue acompañado musicalmente por La Pasión, nueva composición de la banda de la hermandad dedicada a su Cristo y que sería una de las más interpretada durante la noche.

Tras bajar del altar y llevado en sus primeros tramos por los costaleros del palio, el Señor fue ganando la calle sin perder nunca la compostura seria y elegante que esa noche se habían marcado. La consigna era ir sobre los pies y así lo hizo toda la procesión.

No había prisas y pronto se supo que el horario previsto para llegar a Santa Ana era pura historia ya. La banda de las Tres Caídas sonaba afinadísima en una noche especial para su Cristo. La noche le sentaba igual de bien que los rayos de sol de la tarde. El conjunto gustaba en su totalidad. Nadie se acordó del misterio ni del izquierdo por delante, era la noche del Cristo de las Tres Caídas y sólo suya.

En San Jacinto como siempre, puertas cerradas, parece que habrá que esperar a 2010 a que los dominicos abandonen el templo para que las hermandades trianeras recuperen la parroquia. Algún día se darán cuenta en esta orden de los errores cometidos en Triana.

Uno de los mejores momentos de la noche llegó en la revirá a calle San Jacinto, muy despacito se hizo y se gustaron los costaleros trabajando de lo lindo apenas sin avanzar. Las marchas no dejaban de sonar y el Señor no parecía acabar de enfilar San Jacinto. Fueron minutos preciosos y el aplauso al acabar la maniobra así lo refrendó.

Y llegó el turno de la Estrella, desde su altar, la preciosa Virgen de calle San Jacinto esperaba al Señor de las Tres Caídas. La expectación era grande y como cabía esperar el paso reviró para poner frente a frente a Tres Caídas con la Estrella. Fue un saludo especial, en el que hermanos de la Estrella hicieron un pasillo con cera para recibir al Cristo de las Tres Caídas. Fue un saludo breve, al estilo del carácter de la procesión.

Los adornos de la cercana Navidad colgaban de algunas calles del itinerario, lo que dio lugar a escenas novedosas. Santa Ana estaba cerca pero no había prisa por llegar. Hora y cuarenta minutos después del horario previsto entraba el Señor de las Tres Caídas en Santa Ana ante una plaza llena de gente. Gente venida de distintos puntos de Andalucía y de otros lugares de España. Gente que a buen seguro acabó muy satisfecha con lo visto en ese día histórico.

Concluimos con este reportaje, la serie dedicada al IV Centenario de la hermandad de las Tres Caídas, una jornada extraordinaria que nadie olvidará, pero que no evita que pensemos que podría haberse celebrado aún más por lo alto, dando a este efeméride el verdadero valor que tiene.
Fotografías: Javier García Marín, Jorge Bueno y Fco. Javier Baños



















