El cardenal arzobispo de Barcelona, Luis Martínez Sistach,
alertó ayer, en una conferencia celebrada en la Hispalense, del peligro
que supone el excesivo boato que envuelve a las cofradías. Sistach, que además
de cardenal es profesor de Derecho Cánonico, afirmó que una de las
"incoherencias" que hay que evitar dentro de las hermandades es
"separar el culto público de la fe, por eso la excesiva espectacularidad
de las procesiones oculta en muchas ocasiones la riqueza sacramental de dichos
cultos".
Estas declaraciones fueron realizadas en una ponencia que bajo el tíulo Las
cofradías, casa y escuela de comunión, inauguró las Primeras Jornadas en
Memoria de Alberto Ribelot, profesor titular de Derecho Cánonico de la Hispalense, fallecido
el año pasado y creador de la asignatura de libre configuración titulada El
Derecho de las Cofradías.
Durante su conferencia, el cardenal de Barcelona definió la naturaleza jurídica
de las hermandades e hizo especial hincapié en que "es necesario conservar
el objetivo y el espíritu con el que fueron creadas: para evangelizar, por ello
hay que estar atentos a lo que se transmite, porque a veces da la impresión de
que el mensaje no es muy sincero".
Sistach achacó esta separación de culto y fe "a la falta de formación que
padecen hoy día muchos de los miembros de junta de gobierno que rigen los
destinos de las hermandades y de los cofrades en general". Por este
motivo, pide que se exija mucho más a los que vayan a ser nuevos hermanos
mayores. "Hay que buscar esfuerzos para esta formación, teniendo en cuenta
la ignorancia cristiana que existe hoy día dentro del ámbito cofrade, para que,
de esta forma, en las procesiones el mensaje sea más explícito y el significado
de sacar una imagen a la calle quede claro desde el principio".
También defendió a las hermandades como asociaciones públicas eclesiásticas.
"Hay muchas hermandades que sienten recelo al configurarse como asociación
pública porque están controladas por la autoridad eclesiástica, algo que no se
justifica en una Iglesia de comunión". Estas declaraciones están
relacionadas con uno de los temas más espinosos de los últimos años, cuando la Hermandad del Gran Poder
defendió la naturaleza jurídica de su corporación como asociación privada de
fieles, mientras que las Normas Diocesanas le otorgaban un carácter público.
En este sentido, subrayó que "es fundamental que cada cofradía se someta
al discernimiento de la autoridad eclesiástica. Al ser asociaciones canónicas,
y no civiles, deben estar reguladas por unas normas diocesanas".
Otro aspecto que destacó fue "la responsabilidad que tienen los miembros
de las cofradías de colaborar con los gastos de la Iglesia, como cristianos
que son". Una apreciación que viene al hilo de las últimas declaraciones
de monseñor Amigo, que el pasado miércoles hacía un llamamiento a los fieles
sevillanos para contribuir con la
Diócesis más allá de una simple limosna o de la aportación
tributaria. En declaraciones a este periódico, Sistach recordó que "el
obispo de una Diócesis puede imponer una canon anual a todas las asociaciones
religiosas, ya que la colaboración puede establecerse de forma voluntaria o por
obligación". Toda una advertencia.
Llamó la atención una de las circunstancias actuales que Sistach afirma que
padecen las hermandades barcelonesas: la falta de aspirantes a hermano mayor.
Muy al contrario de la tónica sevillana, donde hay comicios con más de dos
candidaturas.
Diario de Sevilla