
En la tarde de ayer sábado se celebró el tradicional rosario presidido por la Divina Pastora, que recorrió distintas calles de su barrio para llevar el consuelo y la alegría con su presencia a aquellos que por una razón u otra no pueden desplazarse a verla o sencillamente a todo aquel que lo necesitaba.

A las cinco se ponía en marcha el cortejo que abría la nueva cruz parroquial, una antigua pieza que la hermandad ha adquirido y que ha restaurado para la ocasión, un bello ejemplar en madera dorada y de corte clásico, hermanos con cirios blancos, bandera concepcionista y la presidencia de la hermandad con el guión antecedían a la capilla musical y el cuerpo de acólitos que marchaban delante de las pequeñas andas donde iba la Divina Pastora.

Preciosa la Divina Pastora, ataviada con una mantilla blanca por tocado, vistiendo saya blanca y manto celeste. Las andas andaban al ritmo que una campana de mano les indicaba. José Diéguez, nuevo párroco de la Pastora marchó tras la Señora.

Numerosos vecinos esperaban la visita de la Pastora a su casa, algunos de ellos, los más alejados de la parroquia incluso le entregaban flores a su paso. La emoción era patente en sus caras, cuan agradecidos quedaban con esta visita que la Pastora ahora les hacía. Esto es lo que da sentido a este rosario, lo que lo diferencia de los demás. No hacía falta que estuvieran en sus casas esperando, tan sólo con acercarse a ver a la Virgen y sabiendo que esa persona estaba enferma le paraban las andas delante suya.

Con el cambio de hora, atardeció sobre el cortejo llegando ya a la Pastora, allí tomaría posteriormente posesión la nueva junta de gobierno de la hermandad.
Fotografías: Jorge Bueno

















