domingo, 26 de octubre de 2008

 

Gran día para la hermandad de las Penas, que en la tarde de ayer sábado abría una nueva página de su historia con el traslado a su Oratorio, lugar en el que desde el próximo 1 de noviembre, cuando sea consagrado, recibirán culto sus imágenes titulares. El Cristo de la Agonía y la Virgen de las Penas decían adiós a San Julián tras cuarenta y dos años de convivencia en este templo. No tiene nada que ver, por suerte, el templo de San Julián que se encontró la hermandad de las Penas y el que deja ahora, sede de la Agrupación de Cofradías. A las Penas hay que agradecerles que San Julián siga teniendo un uso eclesiástico, cofrade y social y no haya caído en manos de la piqueta.



 

Pero vamos con lo sucedido ayer tarde noche. Desde antes de las 18.30 horas ya había bastante público esperando la última salida de las Penas desde San Julián. Toda calle Nosquera aguardaba expectante a que se abrieran las puertas, cosa que sucedió un poco más tarde de la hora prevista, pero que todo el mundo comprendió, pues aunque el cielo en esos momentos no era amenazante, poco más de una hora antes de la salida la lluvia había caído en la ciudad. El tiempo recordaba algunos de los últimos Martes Santos.



 

Las puertas de San Julián se abrieron y tras colocarse la representación de la Agrupación en un lateral para despedir a la hermandad de las Penas, la cruz guía escoltada por dos faroles empezó a abrirse camino hacia los Mártires. Un tramo de hermanos de corta edad marchaba en primer lugar, seguido por las representaciones de Gitanos, Patronos, Remedios y Huerto, después continuaba un tramo de hermanos con cirio color tiniebla y cerrando esta parte de la comitiva delante de los acólitos el fiscal de la hermandad.



 

Las andas del Cristo de la Agonía se levantaron en el interior de San Julián, cuatro fanales iluminaban la portentosa imagen que tallase Francisco Buiza que a sus pies llevaba rosas rojas, mientras que el perímetro de las andas era un friso de clavel sangre de toro, que contrastaba con las buganvillas moradas dispuestas sobre las andas. Sonaba la preciosa marcha que dedicase a este Cristo Abel Moreno, no podía ser otra la que interpretase en estos momentos por la banda conformada por distintos músicos de otras bandas que deleitaron a todos durante la procesión.



 

Sin prisas pero sin pausas, el Cristo de la Agonía salió de San Julián, al poco de avanzar por calle Mosquera le fue cantada una saeta mientras toda la calle guardaba silencio, después la emoción volvió nuevamente cuando sonó Jesús de las Penas.



 

Mientras el Señor ganaba calle Nosquera el cortejo de la Virgen fue saliendo de San Julián, nuevamente los más jóvenes lo encabezaban con cera blanca con el anagrama del Ave María rematado por una corona, después de ellos marchaban las representaciones de las hermandades del Martes Santo, todas con bastones y guión, hermandades que esperamos lleguen a un acuerdo favorable a todas en el tema de horario e itinerarios cara a la próxima Semana Santa. Tras estas representaciones fue el turno de los hermanos de las Penas portando cera blanca, seguido de la presidencia de la hermandad y el cuerpo de acólitos.



 

El Cristo de la Agonía aún no había girado a Comedias cuando la banda de la Expiración interpretó Amarguras, eso suponía que en el interior de San Julián el trono de la Virgen de las Penas comenzaba sus maniobras para alcanzar la puerta. Giró y se bajó justo con la puerta encarada, era el momento de quitar los quitacimbras, de recoger las patas y de que los varales exteriores salieran del templo. La campana indicaba lo que había que hacer. Mientras estas maniobras se sucedían la protagonista era la Virgen de las Penas que se presentaba sobre su trono sin palio, sobre la altísima peana del Nazareno del Paso, lo que le confería un aire letífico, ataviada con saya blanca, toca y manto liso de tisú de oro. Llevaba el trono cera rizada, algo que pese a lo que algunos quieran hacer creer han lucido muchas hermandades malagueñas. El exorno floral se componía de rosas blancas y nardos, llevando en las esquinas unos centros de ambas flores.



 

Y María Santísima de las Penas abandonaba la que había sido su casa a los sones de su marcha, pero no seria la despedida definitiva.  La Esperanza de Triana y La Estrella Sublime fueron las siguientes marchas en sonar en calle Mosquera, mientras el Cristo recorría los últimos metros junto a la pared de los Mártires. En esos momentos unas pequeñas gotas empezaron a caer, como eran escasas la hermandad decidió avanzar, pero en cuestión de segundos la cantidad y grosor de las gotas de lluvia aumentó, era un chaparrón en toda regla. Al transitar el Señor por la plaza de Jesús de la Pasión decidió refugiarse en los bajos del parking que allí hay, las representaciones buscaban refugio donde podía, mientras la Virgen de las Penas volvía a San Julián. Fueron momentos de incertidumbre, los rumores circulaban y no se sabía que ocurriría. Al momento, una vez cesó la lluvia el Cristo de la Agonía fue llevado a los Mártires.

 



Después conocimos la decisión de la hermandad de las Penas, en cuanto acabase la misa que se celebraba en los Mártires, continuarían el traslado como si nada, y así fue. Ahora si, la Virgen de las Penas dejaba atrás San Julián, ahora avanzaba a ritmo más rápido y a tambor, no interpretándose ninguna marcha más allá de la salida hasta llegar  a los Mártires donde nuevamente se tocó la Esperanza de Triana, ahí recuperó el ritmo lento de procesión, andando al compás de la música.



 

Con Getsemaní llegaba el Cristo de la Agonía a la plaza de la Constitución, por Especerías, Cisneros y Fajardo siguió el cortejo para alcanzar Compañía y Pozos Dulces. La novedad de la parte final de este itinerario hizo que la gente esperase el paso de la procesión por este punto, mientras que por Especerías apenas había público.



 

Magnífico iba el Cristo de la Agonía, entre nubes de incienso y acompañado por un repertorio musical exquisito, Paz Eterna o la Muerte de Ases se pudieron oír por Fajardo y Compañía. El andamio de Pozos Dulces dificultó un poco el transcurrir de las andas del Señor por este punto. Recorría por primera vez el Cristo de la Agonía las que serán sus calles y con Cachorro hacía su entrada en la plaza Virgen de las Penas, lugar que permanecía a oscuras y en silencio. Con su marcha el Cristo de la Agonía entró en su Oratorio cara el pueblo. El Señor ya estaba en su casa.



 

Mientras la Virgen de las Penas empezaba una serie de maniobras dificultosas en calle Fajardo, Compañía y la parte del andamio de Pozos Dulces. Especialmente complicado la curva de Compañía a Pozos Dulces donde el trono iba a palilleras o la parte del andamio, que lo hizo en silencio, porque prácticamente no cabía. Sin duda tendrán que medir esta calle para ver si con el palio se cabe por ahí.



 

Tras la parte estrecha tocó lucirse con Valle de Sevilla, con la que llegó justo antes de girar a la plaza que lleva su nombre, el de Virgen de las Penas. Virgen de la Palma y Coronación de la Macarena sirvieron para que el trono llegase delante del Oratorio, ahí se levantó de nuevo el trono para dar su tradicional vuelta de 360º a los sones de Virgen de las Penas que se interpretó tres veces hasta que la Virgen, sobre las once de la noche entraba en su Oratorio, donde la esperaba su Hijo de la Agonía. Conforme entraba el trono en el Oratorio se cerraban las puertas, sin permitir siquiera ver como bajaba en el interior, cosa que sucedió cuando ya las puertas estaban cerradas, cosa que no terminamos de entender.



 

Promete ser el encierro y salida de las Penas un lugar de bullas, pues serán muchas las personas que quieran verlo y el espacio es reducido, pero eso será el próximo Martes Santo. Las Penas había hecho historia. El Cristo de la Agonía y la Virgen de las Penas estaban ya en su casa, lo que tantos hermanos habían soñado era ya una realidad.

 

Fotografías: Jorge Bueno






















Publicado por elpretorio @ 14:55  | Málaga
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