Pasadas las dos de la tarde, la Salve Madre y un sentido ¡Viva la parroquia de la Divina Pastora! seguido de los aplausos de rigor recibieron de nuevo a la Copatrona en su casa.
Atrás quedaron cinco intensas e inolvidables horas de una peregrinación parroquial que paseó las parihuelas con esta imagen mariana por prácticamente toda La Isla hasta llegar a su encuentro con la Santísima Virgen del Carmen, la Patrona de La Isla, que este año conmemora su tercer centenario.
La ida, a las nueve de la mañana, poco después del alba, en un silencio matutino sólo roto por el rezo del rosario y los cánticos del coro pastoreño. Y la vuelta, festiva y jubilosa, con banda de música -la de la antigua Cruz Roja, hoy Agrupación Maestro Agripino Lozano- y una marcha detrás de otra. Y en medio, el hermoso encuentro entre ambas imágenes de gloria, entre ambas devociones, entre la Salve Marinera y la Salve Pastoreña que se produjo en la iglesia conventual.
La Divina Pastora, titular del templo y de la hermandad de gloria, acudió a su cita con la Patrona arropada por la gente de su parroquia. El consejo pastoral, catequistas, Cáritas, Madre Coraje y las hermandades de la Sagrada Oración en el Huerto, del Ecce-Homo y de la Misericordia, cuyas juntas de gobierno y grupos jóvenes engrosaron el largo cortejo que cruzó La Isla hasta el Carmen y regresó luego a la Pastora.
Doce años hacía que no se encontraban ambas devociones. Desde que la Virgen del Carmen recorrió todas las parroquias de la ciudad en 1996 con motivo del aniversario de su patronazgo, como ayer recordó su hermano mayor, Salvador Fornell, al finalizar la eucaristía parroquial que presidió Luis Palomino, el nuevo párroco de la Divina Pastora. El año de gracia decretado con motivo del tercer centenario de la Virgen del Carmen que este año se celebra ha sido motivo de este reencuentro, de esta peregrinación que, de un modo extraordinario, ha estado presidida por la titular del templo pastoreño.
Sobre parihuelas y rosas blancas, con su manto azul bordado y su pamela con diadema, la Virgen realizó en poco menos de dos horas un largo recorrido hasta llegar a adentrarse en el barrio de la Patrona y cruzar las callejuelas que aún exhibían los exornos de la procesión del pasado domingo, doce de octubre.
Las palabras "testimonio",¡ "parroquia" y "momento histórico" resonaron con fuerza durante la breve homilía que pronunció el párroco. "La Pastora es más que una imagen o una hermandad, es algo que trasciende más allá, es un barrio entero", dijo el padre Luis Palomino.
Y tras la ceremonia religiosa, el casi protocolario intercambio de recuerdos y de escapularios carmelitas. La parroquia de la Pastora recibió uno enmarcado. Y la hermandad de la Divina Pastora otro, de plata, para la imagen de la Virgen, que fue prendido justo antes de emprender el regreso a su barrio y a su casa.
Diario de Cádiz