Octubre es por excelencia el mes de Ella, de la Virgen del Rosario. Son varias las cofradías en Jerez que le dan culto estos días y que sacarán a sus imágenes de procesión a la calle para acercar la advocación a la sociedad. La más antigua de ellas es Nuestra Señora del Rosario, la de Santo Domingo, cuyo Hermano Mayor, Manuel Vallejo, hace un repaso desde su fundación, en 1525, hasta los días presentes.
A sus casi 70 años, aunque aún le falten dos meses para cumplirlos como él mismo hace hincapié, Manuel Vallejo, Hermano Mayor de la Archicofradía de Nuestra Señora del Rosario, se considera un hombre ágil, con fuerzas para dar mucho que hablar y dispuesto a continuar con su vida que en este tiempo asegura haber “dedicado a mis negocios y a mi familia por completo”.
Para él, hablar de pecado es “algo
muy íntimo, difícil y personal”. “El pecado no es tal dependiendo de si tu
conciencia te dice si lo debes de hacer o no”, asevera Vallejo que cuenta en su
currículum vitae con el hecho de ser el hermano mayor más antiguo de Jerez,
pese a que confiesa que “a mi eso me da igual porque yo no pertenezco a la
clase social de los hermanos mayores”.
Y una vida dedicada a la
Archicofradía de Nuestra Señora del Rosario, que dirige desde 1978 “aún
habiendo estado toda mi vida anterior vinculada a ella por mi padre”, que esta
tarde saldrá de su capilla de propiedad sita en la Iglesia Conventual de Santo
Domingo para procesionar por las calles de Jerez.
La cuestión es que es hablar del
Rosario de Santo Domingo y ponerle directamente esa coletilla que figuraba
junto a su nombre antaño “de los Montañeses”. Vallejo comenta que el nombre le
viene de que “los montañeses”, personas oriundas de la provincia de Santander
que se establecieron en Jerez y alrededores para hacer fortuna, fueron ellos
los que en 1525 fundaron la Archicofradía que conocemos hoy en día en una
capilla que estaba fuera del Convento de Santo Domingo.
Ya en el siglo XVIII “con muchos
montañeses poderosos y adinerados en Jerez que eran un fuerte núcleo de presión
en la ciudad”, afirma Vallejo, como fin de caridad y para ayudar a los
montañeses “no tan pudientes”, con la limosna que pagaban durante el año a la Archicofradía
tenían derecho al fallecer a recibir sus preces en la capilla de la
Archicofradía y a que se les diera, a algunos incluso, enterramiento dentro de
los panteones de Santo Domingo.
La archicofradía avanza
Fue fallecer su padre en 1978 y
Manuel Vallejo se hizo responsable desde entonces y hasta día de hoy de las
riendas de la Archicofradía, “que iba cuesta abajo camino de desaparecer y
desde aquellos días así sigue aún”. “Pero todo tiene sus buenos y malos
recuerdos, y sus anécdotas, aunque lo mejor para mí son esos ratitos cuando me
pongo delante de la Virgen y hablamos Ella y yo”, afirma Vallejo.
La Archicofradía que hoy sale a la
calle dio un cambio radical para su Hermano Mayor desde que en 2003 se le
quitaran las ruedas a la carroza y ésta fuera portada por costaleros.
“Yo siempre fui reacio a ello,
aunque no dejaba de ver que los derroteros iban por ahí porque lo mandaba la
religiosidad popular. Precisamente, antes de tomar la decisión hablé con el
entonces Obispo Don Juan Del Río y él me dio el empujón definitivo
insistiéndome en que mientras antes lo hiciera mejor”.
“De hecho, el primer año que salió
con costaleros vino él a predicar el último día del Triduo, y justo antes de
salir en procesión le acompañé a su casa que estaba aún en la calle Eguiluz. Al
salir del Convento, los alrededores estaban llenos de personas que esperaban
ver salir a la Virgen, y Don Juan me dijo que si aún me quedaba alguna duda. Y
no tuve más remedio que decirle que dudas no, pero que si para ir a dar culto a
la Virgen tenía que ir por costaleros en vez de por ruedas, no lo entendía”.
Hablando de la Archicofradía hoy
en día y de sus fieles, Vallejo insiste en que “cada día vamos a menos porque
las cofradías de gloria están de capa caída. Tuve muchísima ilusión cuando me
hablaron de un grupo de jóvenes que querían participar y colaborar en la
Archicofradía. Pensé en un futuro por fin”.
Prosigue afirmando, apenado, que
“se les abrió las puertas de par en par y mi pena es que aquello dio más
disgustos que otra cosa, y ha habido que ir cortando ramas que se habían secado
y tan sólo estropeaban el árbol”. “Hoy somos pocos, pero que con defectos y
virtudes tiramos para adelante”.
Insiste en que “hay muchos,
muchísimas personas que van a su capilla a rezar pero no dan el paso de hacerse
hermanos. Quizás tenga la culpa el pasado de la Archicofradía que en los
Estatutos de 1913 decían que para pertenecer a ella había que haber nacido en
Santander o en provincias del Norte. Por eso, muy a mi pesar, y por ser hijo de
Montañeses, tuve que borrarle el apellido a la Archicofradía y dejarla en
Nuestra Señora del Rosario a secas”, asevera.
Sobre la polémica surgida por el
cambio de capataz, cediendo el relevo Isaac Núñez al cofrade y capataz de la
Hermandad de la Clemencia, Eduardo Biedma Barea, Vallejo solicita dejar las
habladurías a un lado ya que “Isaac Núñez me dijo personalmente que debido a
sus nuevas responsabilidades en la Hermandad de La Coronación de Espinas no
podía seguir con nosotros, digan misa en la calle”. “Tan sólo espero que la
Virgen procesione hoy lo mejor posible y que todos disfrutemos de ella”. Amén.
Jerez Información