lunes, 22 de septiembre de 2008


En la antiquísima Córdoba, sesgada por la historia musulmana que el tiempo no ha podido enterrar y que tiene en la Mezquita su estandarte, se ha vivido un fin de semana que los cofrades cordobeses, y en general los que allí nos congregábamos, no podremos olvidar. El LD Aniversario Fundacional de la antigua Hermandad de las Angustias ha sido motivo para que todos pudiésemos asistir a tan memorable salida extraordinaria, que arrancó con el traslado a la Catedral de la Virgen el viernes, y que culminó con una vuelta que no podemos calificar más que como apoteósica, a su Iglesia de San Pablo. En su paso, y bellamente escoltada por las coloridas dovelas de los arcos de la Mezquita cordobesa, se encontraba preparada la Virgen de las Angustias preparada para la vuelta, previa misa, a la cual el acceso para aquellos que querían visitar a la Virgen estuvo incomprensiblemente restringido, no así para las autoridades, representaciones o fotógrafos profesionales, que parece resultan más importantes que el cofrade de a pie, ese que no abandona el cortejo a mitad del recorrido y que arropa a la Virgen cuando muchos de los anteriores no lo hacen. Es algo que muchas hermandades tienen que aprender.





Y a las 20 horas, cuando el sol se ponía en el horizonte del Guadalquivir, la cruz de guía se plantaba ante el arco de la Mezquita para iniciar el retorno, formando en cabeza la Banda de Cornetas y Tambores de la Coronación de Espinas, de la cordobesa Hermandad de la Merced. Y tras el paso de las representaciones de las diversas cofradías que acudieron a la procesión, pasadas las 20.30 horas, la Virgen de las Angustias se asomaba a Córdoba. Con los sones de Saeta Cordobesa iniciaba su caminar, para a continuación rodear la muralla con la siempre triste y melancólica Amarguras, gran marcha para un gran repertorio con el que se presentó la magnífica Banda de Nuestra Señora de la Oliva, de Salteras, que demostró por qué es una de las punteras en el panorama musical. Antes de comenzar la angosta calle Magistral González Francés, se procedió a bajar la cruz, para evitar los posibles cables que aparecían en la misma. No obstante, este hecho resultaría a la postre negativo, pues al principio de la calle San Fernando, un fallo en el sistema de sujeción impedía subir y bajar la cruz, acumulándose un pequeño retraso que tuvo que ser subsanado acelerando el ritmo del cortejo, no impidiendo, no obstante, que el paso, que aparecía bellamente exornado con sus tradicionales rosas rosas, pudiese acompasar su andar al compás de marchas como Procesión de Semana Santa en Sevilla.





De esta manera, el cortejo alcanzaba el Ayuntamiento y la Iglesia de San Pablo, sede canónica de la Hermandad. Pasaba ante las puertas de su templo la bellísima Virgen de las Angustias. No podemos pasar por esta crónica sin hacer hincapié en la bella factura de estas imágenes que tallará el insigne escultor cordobés Juan de Mesa en 1627, siendo las últimas que por desgracia pudo esculpir, por una prematura muerte por tuberculosis que nos impidió disfrutar de más hechuras del artista. La expresividad de la Virgen de las Angustias, el inerte cuerpo del Cristo, y la magnífica conjunción de ambos solo pudieron salir de las manos del, para algunos de los miembros de este portal, mejor escultor que ha conocido la escultura española.




La procesión se encaminó desde aquí hacia la calle de Jesús Nazareno, buscando la Iglesia de San Agustín, donde otrora estuvo la Hermandad. Mientras tanto, los cofrades seguíamos disfrutando de una magnífica noche de septiembre, en la que el cielo finalmente respetó, a pesar de las previsiones nada halagüeñas, haciendo incluso calor, y de las notas de la Oliva, que continuaba haciendo regalos para los oídos. El cortejo discurrió, hasta Jesús Nazareno, por las calles San Pablo, Plaza de San Andrés, Hermanos López Diéguez, Arroyo de San Andrés y Yerbabuena, y entre chicotá y chicotá, perfectamente dirigidas por el capataz, lloraba la Virgen de las Angustias a los sones de Virgen del Valle, Quinta Angustia, Jesús de las Penas, Virgen del Subterráneo, Virgen de Montserrat o Soleá dame la mano. Y desde la angosta calle Yerbabuena, donde el gentío se agolpaba ante el paso de la Señora, el cortejo desembocó en la calle Jesús Nazareno, internándose el paso tras una compleja maniobra por la presencia de aparatos de aire acondicionado, que rozaban los candelabros del paso.





El paso arrió tras finalizar la revirá a calle Nazareno. La sombra de la Virgen que acuna a su hijo se refleja en la pared. Unos metros más adelante espera la hermandad del Nazareno en la puerta de su templo, hasta allí llega la Virgen de las Angustias a los sones de Nuestro Padre Jesús, en honor de esta hermandad hermana del Jueves Santo. Una plegaria y tres Ave María, uno por cada dolorosa presente en esos momentos, Angustias en la puerta y dentro, Soledad y la bellísima Nazarena.


A su vera caminábamos buscando San Agustín, inolvidable acompañamiento al lado del paso. Después más apreturas para llegar a San Agustín, la plaza estaba llena, sus vecinos no olvidaron a su Virgen en esta vuelta a la que fue durante tantos años su casa.


Ya tocaba volver a San Pablo y por Rejas Don Gome y Juan Rufo se alcanzó a Capitulares. Calles como todas las anteriores hechas a medidas para el paso de una procesión, con la anchura justa para que el paso avanzase sin problemas pero donde se sintiera recogido y es que a ciencia cierta la Virgen de las Angustias estuvo muy acompañada durante toda la procesión. Si fueron muchos los cordobeses que salieron a verla fueron también muchos los cofrades que venidos desde distintas partes de Andalucía o más allá de Despeñaperros no quisieron perderse esta histórica cita.


Y en esta parte del recorrido se pudo oír una de las composiciones más esperadas, Margot, aunque durante parte de la marcha el paso estuviese parado. Calle Alfaros era la última antes de llegar a su sede, la gente ya esperaba en San Pablo para verla entrar. Tal y como llegó se plantó delante del pórtico de entrada y allí paró para una vez más bajar la cruz. Pasadas la 1.45 de la noche, a los sones de la marcha real entraba la Virgen a su iglesia. Concluía así una noche inolvidable en la que se dieron cita el arte de Mesa, el embrujo de Córdoba, el buen hacer de la Oliva y la devoción a la Virgen de las Angustias. Cuatrocientos cincuenta años que celebraba la que es la hermandad decana cordobesa.

Fotografías: Javier García Marín y Jorge Bueno






























Publicado por elpretorio @ 0:05  | Córdoba
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