
La popular Hermandad de la Cañilla como conmemoración de los Dolores Gloriosos de la Virgen celebró un devoto besamanos de su sagrada titular mariana, Nuestra Señora de la Soledad, en la Iglesia de Santo Domingo.

El culto era sencillo, formado por dos bellas piñas y dos centros de rosas y liliums blancos, dos ciriales y la Cruz de Guía de la Corporación. Por lo tanto, un montaje en el que predominaba el exorno floral por encima de las velas, algo lógico teniendo en cuenta la celebración litúrgica de esta festividad.

De especial interés es esta talla del siglo XVIII, ejecutada por el maestro del barroco granadino Manuel González y siendo una de las poquísimas tallas de bulto redondo de la Virgen María que se pasean por las calles de esta ciudad, junto al referente devocional andaluz que es la Virgen de la Alhambra. Los únicos complementos que se le añaden a esta gran obra de arte son una bella ráfaga de plata y, como contrapunto, una corona de espinas que reposa sobre un sudario tallado en el mismo bloque que la Virgen y que llama la atención por su gran realismo al igual que los ropajes, de grandes volúmenes y numerosos pliegues.

Al gran dramatismo que de por sí ya es la Soledad de María le acompaña a su izquierda un bellísimo ángel pasionista que clava una de sus rodillas en el suelo y que, además, sujeta unas rudas tenazas que quedan en contraposición con la delicadeza del tallado de ambas imágenes.

Importante obra dentro de la producción del barroco andaluz que no queremos que pase inadvertida ante los espectadores. Una obra que como la mayoría de las imágenes granadinas llegan a lo más profundo para conmocionar y hacer aflorar un sentimiento de empatía y compadecimiento al que contempla la cruenta escena.


