Un año más el nuevo curso cofrade malacitano queda abierto con la procesión triunfal de Santa María de la Victoria. El cortejo encabezado por la cruz parroquial escoltada por dos ciriales cruzó el dintel de la puerta de las cadenas con gran puntualidad, afuera esperaba la banda de cornetas y tambores del Real Cuerpo de Bomberos. Tras ésta se situaban las corporaciones ordenadas en Asociaciones, Hermandades de gloria, Hermandades penitenciales y las Hermandades del Santo Cristo de la Salud y los Patronos San Ciriaco y Santa Paula, patronos también de la ciudad. Tanto la diputación como el Ayuntamiento estuvieron representados en la procesión tras las diferentes corporaciones religiosas, así como la Banda Municipal de Málaga, como viene siendo habitual, interpretando varias piezas musicales por todo el recorrido hasta llegada la Plaza del Carbón. Por último, y como preludio de la llegada de la Virgen, el Obispo, el Cabildo Catedral y los acólitos.

A sones de la marcha real y bajo una lluvia de pétalos Santa María de la Victoria salía al encuentro con los malagueños, ante el fervor y la emoción de sus devotos. La gran Banda de la Archicofradía de la Expiración precedía a la Señora interpretando marchas como ‘Málaga a su Virgen de la Victoria’, ‘Himno de Coronación de la Esperanza’ o ‘Aquella Virgen’. Refulgente se encontraban las andas gracias al nuevo plateado realizado por el taller de Martos. La reducción de peso del trono, el cambio de los varales por otros más flexibles y la sustitución de la plantilla de capataces y mayordomos fueron los motivos por los que los portadores mantuvieron el tipo hasta la llegada a la Basílica, algo más que satisfactorio. Y es que el cambio con respecto al año pasado ha sido más que significativo y poco a poco la Patrona malagueña toma mayor elegancia en la calle. También es motivo de alegría observar cómo cada año se hace más difícil acceder a las calles por las que trascurre la procesión y es que el acompañamiento de la ciudad cada vez se hace más y más patente.

Como notas negativas: la impuntualidad de Hermandades como Prendimiento, Crucifixión, Paloma o Sangre que, además de llegar escasos minutos antes del comienzo de la procesión, entraron por la puerta por la que salía el cortejo, en lugar de hacerlo por la puerta del Sagrario tal y como se expresó por parte de la Corporación victoriana; el alumbrado eléctrico del trono, que aunque si es cierto que, al fin, la intensidad de los focos destinados al alumbrado de la talla de la Virgen disminuyó considerablemente con respecto al pasado año, no acabamos de entender a qué se debe la antiestética iluminación de la mesa y cajillo, más propia de los años 80 o 90, máxime cuando se nos antoja totalmente inútil pues lógicamente el cajillo es perfectamente visible sin tener que recurir a este desfasado recurso; el poco cuidado de la cruceta musical ya que tener un aval de calidad como es la Banda de la Expiración no exime estudiar el repertorio de forma que se imprima una personalidad musical y así evitar el contraste de escuchar en una misma calle ‘Amor Doloroso’ y ‘Malagueña Virgen de la Paloma’, no dejando que cualquier marcha sea apropiada; y, por último, por parte de la mayor parte de las representaciones, sobre todo, el Ayuntamiento, la Diputación, el Obispo y el Cabildo Catedral, porque es lamentable ver como abandonan a la Virgen tras el paso por Calle Larios y la Plaza de la Constitución, como si de un mero acto institucional se tratase.

A pesar de todas las pegas que se puedan poner, es bien cierto que este año se ha dado un gran paso en todos los sentidos, parece que la nueva junta encabezada por Paco Toledo está haciendo sus deberes de forma correcta.

La procesión finalizó con la misma puntualidad con la que había empezado, alrededor de las 23 de la noche. También es de agradecer que la maniobra de entrada a la Basílica fuera rápida y eficaz evitando el pulso al que estábamos acostumbrados para quitar las patas del trono y que tan mal sabor de boca nos dejaba ante la poca elegancia con la que concluía la procesión.

En resumen, una jornada que quedará para el recuerdo en la historia de la Hermandad como un punto de inflexión entre el pasado y un prometedor futuro, marcada por una notable mejoría en la comodidad de portadores y un discurrir más elegante. Está demostrado, quien siembra, recoge y quien trabaja, al final, obtiene buenos resultados.




