
En torno a las nueve de la noche del sábado día seis de septiembre se produjo el momento más esperado por los devotos de la Virgen de los Dolores, titular dolorosa de la Hermandad Sacramental de la aljarafeña y sevillana villa de Gines: la dorada presea que simbolizaba el reconocimiento universal de su devoción y el buen hacer de sus hermanos era depositada sobre las sienes de la Señora por el Cardenal Arzobispo Carlos Amigo Vallejo. Atrás quedaba una mañana y una tarde lluviosas que sembraron la incertidumbre sobre la celebración del acto, mas las dudas quedaron disipadas al igual que las nubes y así se anunció mediante cohetería que todo iba a seguir su curso normal.

Tras la imposición de la corona, obra diseñada por Sergio Cornejo y ejecutada en Orfebrería Triana, de notable originalidad y acierto, la corporación procedió a organizar la procesión extraordinaria conmemorativa de tan importante suceso con la imagen de Nuestra Señora de los Dolores por las calles de Gines. Así, abandonando el impresionante altar, establecido frente a la Parroquia de Nuestra Señora de Belén y del ayuntamiento de la localidad en el cual se reproducía con un impresionante lienzo de fondo la portada de la Casa Hermandad de la corporación sacramental a tamaño natural, dio comienzo la larga procesión cuya entrada estaba prevista cerca de las seis de la madrugada.

La imagen de la Virgen de los Dolores fue realizada en 1816 y se atribuye con acierto y poco margen de error a las gubias del genial Juan de Astorga. Recuerda poderosamente otras obras ejecutadas por el maestro, sobre todo a la soberbia Soledad de Pilas así como otros modelos que en la actualidad no procesionan y se encuentran en la capital hispalense. Fue restaurada en 1990 por Francisco Berlanga de Ávila para restañar una grieta que había aparecido en el rostro de la efigie. Desgraciadamente poco después, el Domingo de Ramos de ese año, se produciría el suceso que marcaría más profundamente la vida de la corporación con tintes dramáticos y que sus hermanos sin duda no olvidarán. Un incendio afectó al altar mayor de la Parroquia de Belén donde se encontraban ubicadas las tallas titulares de la corporación afectándolas gravemente. La restauración del Santísimo Cristo de la Vera+Cruz (obra realizada en pasta de madera cuya autoría podría remontarse al siglo XVI, aunque se encuentra notoriamente remozado) se encargó a Francisco Berlanga, quien ya había intervenido a la imagen con anterioridad en 1983. También afectada resultó la talla de Nuestra Señora de Belén, patrona de la localidad y titular de la corporación que podríamos fechar en torno a principios del siglo XVIII que hubo de ser también intervenida. La complicadísima reconstrucción de la Virgen de los Dolores (muy afectada en el incendio) fue encargada al profesor imaginero Juan Manuel Miñarro López, quien afortunadamente cuajó en esta ocasión un trabajo perfecto y encomiable, rehaciendo la obra y ejecutando una policromía que hacen impensable que tal suceso dramático pudiese haber sucedido ya que la talla luce de manera simplemente exacta a como lo hacía previamente a sufrir el desgraciado accidente. Pudo de esta forma la corporación recuperar sus tres titulares y olvidar el funesto Domingo de Ramos de 1990.

Tras un primer tramo de la procesión en exceso lento y donde el palio (estreno para la ocasión, como así lo eran casi todas las piezas que vestía la Santísima Virgen), realizado el preceptivo saludo a la casa hermandad tanto del Rocío como de su propia Hermandad Sacramental, aceleró ligeramente el ritmo de procesión tras pasar por la Ermita de Santa Rosalía. Innecesario se nos antoja este ritmo cansino e ilógico de procesión tan habitual con ocasión de las procesiones de vuelta de las coronaciones canónicas, no solo por la exasperación del espectador de a pie, sino por el propio cansancio del cortejo y los costaleros. Bien es cierto decir que no se trató esta de una de las ocasiones donde la parsimonia del cortejo fuese más notable, habiéndose vivido recientemente ocasiones donde la lentitud fue más flagrante e incomprensible, mas quede claro lo absurdo de este comportamiento tan de moda.

Intenso y constante fuego de artificio acompañó a la ocasión en cada instante del cual servidor, como en pasadas ocasiones se ha podido comprobar, no se muestra en ningún caso partidario. No solo resulta peligroso su empleo en las cercanías de una gran acumulación de público, sino que carece de sentido litúrgico alguno, restando además importancia y protagonismo al verdadero y único centro de atención de este tipo de actos: la imagen devocional.

El acompañamiento musical corrió a cargo de la Banda Municipal de Villalba del Alcor, quien interpretó un repertorio que por desgracia se viene haciendo repetitivo y habitual en ocasiones extraordinarias (y ordinarias inclusive) cuando se pretende dar un acento glorioso a la conmemoración. Piezas que ya resultan reiterativas y de escaso o nulo valor musical como “Caridad del Guadalquivir”, “Callejuela de la O”, “Reina de Triana” o “Esperanza de Triana Coronada” se sucedieron con el contrapunto de alguna composición clásica de calidad y alguna marcha reciente del compositor Manuel Marvizón.

El palio lució perfectamente exornado y es de aplaudir no solo el buen gusto en el aderezo floral, sino el correctísimo uso de la flor de cera, dotando de un carácter alegre a las andas mas sin tapar ni restar protagonismo a la imagen de María Santísima. La colocación de grandes tandas en los laterales de la imagen fue evitado, detalle de notable gusto por parte del encargado del montaje y es que este detalle supone un error notoriamente frecuente en nuestra geografía cofrade que no solo provoca antiestéticas estampas, sino que tapa en muchas ocasiones la correcta visualización lateral de la talla reclamando el protagonismo sobre algo que no ha de tenerlo. Felicidades sean dadas al encargado del aderezo pues, que supo emplear de forma elegante y en su justa medida. Felicidades sean dadas a la villa de Gines también por haber logrado coronar canónicamente a la más ilustre de sus residentes.
Rogelio Rubio Segura
