En la actualidad, dos de las imágenes cordobesas de mayor devoción, San Rafael y la Virgen de los Dolores, están retiradas del culto para ser restauradas.
Los criterios de restauración han evolucionado mucho desde hace unos años hasta hoy. Hasta hace poco, y aún en alguna ocasión, cualquier artista o artesano se sentía capacitado para tocar una imagen fuese cual fuese su valor artístico, encontrándonos con que estas fatídicas intervenciones ocasionaban a las imágenes daños irreversibles como pérdida de policromías originales, añadidos innecesarios, etcétera, perdiendo la imagen la esencia con la que fue creada.
La restauración ha evolucionado mucho. En la actualidad, los talleres especializados en restauración de obras de arte se asemejan a cualquier laboratorio de nuestros hospitales; aquí, el paciente sagrado , antes de ser intervenido es sometido a un estudio previo, que conlleva un largo proceso de carácter físico, químico, biológico y documental que determinará la intervención a desarrollar.
Entre estos pasos, la imagen es sometida a un estudio radiológico donde se pueden ver todos los añadidos que presenta: puntillas, ensambles, restos de xilófagos y cualquier elemento alojado en el interior de la misma. Hace unos días publicamos en este diario que a la imagen de San Rafael se le había encontrado en el interior un pergamino y dos relicarios que fueron visibles gracias a este proceso. En el caso de que la imagen no se pueda abrir por motivos estructurales, y siempre que sea posible, se usa la endoscopia, con la que se puede ver en detalle cualquier elemento interno.
Sin duda, lo que más da que hablar, sobre todo a los cofrades, es el resultado final, fácilmente apreciable en la policromía. Según los especialistas, una policromía, como un buen maquillaje, puede cambiar la fisonomía de un rostro, hecho que ocurre con frecuencia y que en Córdoba encontramos algunos casos, fruto de desafortunadas restauraciones donde sin criterio alguno se han aplicado policromías planas, sin volúmenes, que enmascaran la anatomía en el caso de los Cristos o las facciones del rostro de alguna de nuestras vírgenes.
No menos interesantes son los debates que se generan sobre todo en la limpieza de las policromías originales, muchas de ellas afectadas por factores como el humo de las velas o el polvo acumulado, este hecho ocasiona la polémica ya que al comparecer tantos años la imagen con estos aditamentos, el público no cree conveniente su retirada. Aunque los expertos opinan que está afectando al original de la obra. Sobre esto, los criterios de restauración vigentes son claros, ante todo deben prevalecer las partes originales.
Otro hecho que resulta alarmante, sobre todo en el caso de las imágenes de vestir, son los daños ocasionados por los alfileres. Este mal se debe en parte al poco cuidado de los vestidores, encontrándose verdaderas lagunas pictóricas cerca de la cabeza y zona del pecho.
Afortunadamente, las juntas de gobierno de las cofradías están cada vez mas concienciadas del valor que tienen las imágenes titulares, ya no el valor de lo sagrado, que se sobreentiende que lo tiene, sino el valor artístico y patrimonial. Esta Cuaresma pudimos conocer la intención de la cofradía de la Caridad de restaurar la imponente imagen del Señor previo informe del IAPH, o los minuciosos trabajos llevados a cabo por la empresa Regespa en la imagen de Nuestra Señora de las Lágrimas, titular de la cofradía de la Misericordia; la reciente restauración de San Rafael o la de la Virgen de los Dolores, ambas en manos de especialistas, son prueba evidente del reconocimiento artístico de las imágenes sagradas.
Según los especialistas, las imágenes deberían de pasar un chequeo anualmente, es lo que se denomina conservación preventiva, solo de esa forma se podrán salvaguardar de cualquier mal mayor.
Diario Córdoba