lunes, 18 de agosto de 2008

Posiblemente, y sin temor a equivocación alguna, el mes de agosto de 2001 fue el que mayor convulsión cofrade produjo. No había día que no hubiese noticias sobre los distintos recursos que abanderó el entonces hermano mayor del Baratillo, Joaquín Moeckel, contra el Arzobispado de Sevilla, motivados por una serie de «imposiciones» sobre la edad de los hermanos mayores y la designación de los directores espirituales pero, por encima de todo, en lo referente a la igualdad entre hermanos y hermanas en las cofradías o, lo que es lo mismo, la participación de nazarenas en la estación de penitencia.

 

Más allá del capilleo

 

Un tira y afloja que se prolongó durante todo el verano de aquel 2001, que sobrepasó el panorama estrictamente cofrade instalándose en la sociedad no sólo sevillana, sino de otros puntos de España, y que desembocó en la promulgación de un exhorto pastoral por el que la Iglesia Diocesana admitía cambiar su postura en cuanto a la edad de los hermanos mayores y a la designación de los directores espirituales, y que «invitaba» a «reflexionar» a todas aquellas cofradías que todavía no incluían a las nazarenas.

 

Hasta que se llegó al exhorto, Joaquín Moeckel mantuvo un pulso al Arzobispado en el que muchas veces se vio solo —estuvo respaldado por las hermandades de La Carretería, Calvario y la Pastora de Santa Marina en primera instancia— pero que sirvió para que el propio monseñor Amigo Vallejo nombrase a un mediador, el recordado Manuel Benigno García Vázquez que, junto con el citado Moeckel, se convirtieron en los auténticos protagonistas de aquel episodio que, lejos de caer en el olvido, sigue estando vigente.

 

Por una parte, debido a que las negociaciones fueron duras y en muchas ocasiones con no pocos puntos de fricción. La intención del Arzobispado de querer «imponer» aquellos cambios en las reglas de las hermandades chocó frontalmente con las cofradías que interpusieron los recursos, que finalmente fueron Baratillo y Carretería, representadas por sus dos hermanos mayores.

 

Esas negociaciones tuvieron como lugar de celebración la sede del Consejo de Hermandades y Cofradías, que en aquellos momentos se sorprendió de la reacción de estas corporaciones al no aceptar las propuestas de Palacio. Y es que lo que estaba en juego era la soberanía de los cabildos de hermanos, que quedaban prácticamente en meras representaciones sin validez alguna si se acataban las «recomendaciones» de la Iglesia Diocesana.

 

Después de los recursos, de las reuniones con el mediador y de un un sinfín de idas y venidas, el 12 de octubre de 2001 monseñor Amigo Vallejo promulgó el ya famoso exhorto pastoral en el que admitía la reforma de dos de los puntos «recomendados» e invitaba a «reflexionar» sobre la plena igualdad de hermanos y hermanas en las corporaciones.

 

Sea como fuere, hoy, después de siete años de aquel exhorto, sigue habiendo corporaciones que reflexionan y que no admiten a las hermanas en la estación de penitencia, algo que caerá, como fruta madura, más bien pronto que tarde.

 

Pero, sin lugar a dudas, aquella «confrontación» entre las Cofradías y la autoridad eclesiástica sirvió para que fuesen las propias hermandades las que decidiesen, merced a la soberanía de sus cabildos de hermanos, sobre aspectos que atañen al devenir de cada una de ellas. Siete años de un litigio que, tras la promulgación del exhorto, se conoció como «el efecto Moeckel».

 

ABC Sevilla


Publicado por nazarenodelaO @ 13:04  | Sevilla
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