sábado, 16 de agosto de 2008

Miles de sevillanos, seguramente muchos más que otros años, asistieron ayer al homenaje de devoción a la Patrona y fue también masiva la asistencia al pontifical en una Catedral que estaba llena de gente, mucho más que en la misa del pasado Corpus, por ejemplo.

 

A las siete menos veinte de la mañana un nutrido grupo de personas mayores ocupaba las gradas de la Plaza del Triunfo, y ya había gente sentadas en sillas en primera fila tras las vallas que acordonaban el perímetro de la Catedral. Y si había gente esperando, cuando era noche cerrada, en uno de los tramos últimos del recorrido, la Plaza Virgen de los Reyes antes de las siete de la mañana ya estaba casi llena. Luego se estiraría hasta parecer de chicle cuando la bulla de Sevilla quiso ver la salida a las ocho en punto de la Patrona por la Puerta de Palos. A esas horas, y faltaba aún una hora para la salida de la imagen fernandina, sólo quedaban algunos huecos libres, y no demasiados, en las vallas de la calle Alemanes y la Avenida.

 

En esta edición de la procesión las sillas han sido la estrella de la larga espera de la Virgen. Sillas de bastón de las de Semana Santa y sillas de playa. Todo era bueno para reposar mientras se aguardaba a la Virgen. Incluso dos ladrillos, que de forma artística había colocado una pareja, aunque el apaño tenía pinta de incómodo.

 

Dos grúas

A falta de estrenos en la procesión propiamente dicha, el recorrido inauguraba, afortunadamente para la estética aunque de forma negativa para el bolsillo de los sevillanos, la desaparición de las feísimas catenarias, que han sido sustituidas por las farolas que sujetan los cables del tranvía. Otro estreno del día era la participación por primera vez en la procesión del recién elegido Consejo General de Hermandades y Cofradías, con dos mujeres incluidas, Maruja Vilches y Maruja Ciudad, y su presidente Adolfo Arenas, que sufrió una indisposición en el pontifical por no haber desayunado, a la cabeza.

 

Sobre las ocho menos cuarto de la mañana cuando la Corporación Municipal bajo mazas llegaba a la Puerta del Perdón con la Banda Sinfónica Municipal, dos grúas de Aussa estaban en la calle Alemanes retirando dos coches que por lo visto estaban mal aparcados y entorpecían en los aledaños de la Catedral. Como llegaba la comitiva municipal se pararon.

 

Pero el caso es que ya había salido la procesión de la Catedral y las grúas estaban justo delante de los niños carráncanos y la Cruz. La Banda Municipal no pudo incorporarse a abrir la procesión formada, sino que sus miembros tuvieron que ir en fila india al lado de las grúas.

 

El incidente provocó murmullos de desaprobación de los sevillanos, ya que el cortejo estuvo parado un ratito hasta que marcha atrás las grúas lograron retirarse por la calle Hernando Colón. La gente no comprendía como la retirada de esos coches no se había hecho antes, por ejemplo a las seis de la mañana, y no a la hora justa de que llegara la procesión. Ya subsanado el incidente, la Banda Sinfónica Municipal, en la que iban también músicos de las Tres Caídas de Triana y de las Cigarreras, encabezada por su director, Francisco Javier Gutiérrez Juan , se puso al frente de la procesión y comenzó a tocar la marcha «Virgen de los Reyes».

 

Pese a ser 15 de agosto la mañana era fresquita. Ni siquiera cuando amaneció, sobre las siete y veinte, comenzó a notarse el calor. Al contrario, corría un vientecito que no dejaba de mover los flecos y los borlones del paso de tumbilla.

 

Pese a que no hacía calor los servicios sanitarios de Cruz Roja que tenía una ambulancia en la Plaza del Triunfo, tuvieron que intervenir en varias ocasiones debido a lipotimias que sufrieron algunos de los asistentes.

 

Nuestra Señora de los Reyes iba majestuosa en su paso —el tisú gris aunque ha sido restaurado recientemente parecía muy ajado en comparación con el manto blanco— que los costaleros al mando de Eduardo Bejarano levantaron a pulso en todas las ocasiones.Un suave aroma de nardos la envolvía. Se alternaba el repique de las campanas de la Giralda con los motetes de la Escolanía Virgen de los Reyes, «Salve Virgen María» y «Al cielo, al cielo iré». Y el silencio era la clave de esta procesión en la que de forma íntima los asistentes entablan diálogo con la Virgen. La gente se santiguaba, realizaba las tres peticiones y daba las gracias.

 

Ese fervor y respeto se rompió en grandes aplausos cuando la compañía de honores del Batallón de Helicópteros de El Copero inició su desfile, ante las autoridades y el paso. Una anciana, con lágrimas en los ojos, se despidió en la Plaza de su Virgen: «Dame salud para venir a verte el año que viene».

 

ABC Sevilla

 

 

Cientos de personas se dieron cita ayer en los alrededores de la iglesia de Santa María de Utrera para asistir a la procesión de la Virgen de la Mesa, que salió por la plateresca Puerta del Perdón a las nueve de la mañana acompañada por representantes de todas las hermandades de penitencia y gloria de la ciudad, para recorrer las principales calles del entorno. En el momento de la salida, había que cumplir con el rito de cada verano, y numerosos fieles se acercaron solícitos a la Señora para rezarles tres Salves y pedirle tres gracias, de las que concederá al menos una, según cuenta la tradición.

 

De esta forma, «la de los tres deseos», como se conoce popularmente a la Virgen por su fama de milagrera, recorrió de nuevo el itinerario previsto, bajo las suaves temperaturas de la mañana y con el acompañamiento musical de la banda Ciudad de Utrera, que fue contratada para la ocasión por la Hermandad de los Aceituneros. Esta cofradía se alterna cada año en el discurrir por las calles utreranas con la hermandad de la Quinta Angustia, para sufragar los gastos del desfile, ya que la Virgen de la Mesa carece de hermandad propia que se encargue de estos menesteres.

 

Durante la procesión, alrededor de la feligresía, las campanas de Santa María repicaron sin cesar volteadas por los miembros de la Asociación de Campaneros de Utrera, Acamu, que quisieron transmitir al aire una vez más los sones del metal anunciando el paso de la Virgen.

 

En este sentido, cabe resaltar que con motivo de esta celebración se han repicado los bronces de Santa María, tanto en los días de la novena como en la procesión, con diversos toques recuperados felizmente para la ciudad por Acamu, cuyos miembros no sólo voltean las campanas de forma espectacular sino que también se suelen encargar de engalanar la torre para la ocasión.

 

Del siglo XIV

 

La devoción a la Virgen de la Mesa, considerada como la más antigua de la ciudad, anterior incluso a la de Consolación (actual patrona de la localidad), surgió en torno a una imagen gótica del siglo XIV que fue transformada con posterioridad para adaptarla a candelero. La Virgen de la Mesa era la titular de un antiguo Hospital de Mujeres utrerano que llevaba su nombre, y cuando desapareció esta institución fue trasladada hasta la iglesia actual de Santa María.

 

En cuanto a la talla de la Virgen que ayer procesionó ante sus fieles por las calles utreranas, cabe destacar que la imagen representa a María con las manos unidas sosteniendo entre ellas un ramo de flores. Lleva una espléndida ráfaga que le fue colocada con posterioridad y que ha generado una gran admiración.

 

La procesión de la Virgen de la Mesa -advocación que significa «de la meseta», por encontrarse precisamente instalada en el lugar más alto de Utrera- es la más antigua de la ciudad, con más de 500 años de historia a sus espaldas, siendo confundida esta advocación con la de la antigua Virgen de las Veredas, antigua patrona de la localidad sevillana, que también procesionaba precisamente en la festividad de la Asunción el 15 de agoto de cada año.

 

ABC Sevilla


Publicado por nazarenodelaO @ 12:29  | Sevilla
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