Esto de los hermanamientos entre las cofradías, además de una redundancia, es algo que se ha puesto de moda en los últimos tiempos. Básicamente consiste en el reconocimiento oficial y bilateral de la cercanía entre dos corporaciones. Sus efectos más visibles suceden cuando una hermandad acude a todos los actos de la otra, ocupa un lugar preferente en el protocolo, sus nazarenos forman en la ante presidencia de la hermandad hermanada y viceversa. Como costumbre que fomente la concordia no hay nada que objetar, lo que ya es más discutible son algunas de las formas que toman estos hermanamientos. El último conocido, el de La Sed y el Polígono de San Pablo, rebasa todo lo imaginable y cruza esa delgada línea que separa el sentido de la medida de lo desmesurado: nada menos que tres salidas extraordinarias entre septiembre de 2008 y marzo de 2009 para sellar este hermanamiento.
Supongo que ya saben que la Virgen de Consolación saldrá en su paso, pero sin palio, el 14 de septiembre hasta la Parroquia del Polígono. Desde allí volverá a su templo con música el mismo día. El 11 de octubre, cuando ha pasado poco más de un año de su bendición, la Virgen del Rosario del Polígono hace lo mismo pero al revés, sale en paso sin palio hasta la Parroquia de Nervión, de la que regresa al día siguiente con su correspondiente acompañamiento musical. Ya van dos. En cuaresma, el viernes 6 de marzo, quien sale de nuevo en vía crucis es en este caso el Cautivo del Polígono, lo llevan a la Parroquia de la Concepción, le hacen allí un besamanos, y a los dos días, es decir, el domingo 8 de marzo -plena cuaresma y a menos de un mes de la Semana Santa- hala, otra procesión extraordinaria de regreso a su templo.
El Arzobispado, autoridad que en otros casos se ha comportado de manera distinta con este tipo de procesiones un tanto forzadas, ha dado su bendición al programa de actos que tiene como colofón -es sin duda lo mejor- la participación de ambas cofradías en el proyecto Emaus, una casa de acogida y reinserción de la gente que sale de la cárcel, en cuya pastoral han estado tan vinculados los trinitarios del Polígono como los nervionenses de La Sed, en cuyas primeras salidas se visitaban la antigua prisión provincial. Hay gente que suele defender este tipo de actos con un «a quien no le guste que no vaya», pero no se trata de esto; se trata del sentido de la medida. ¿Quieren un ejemplo? La Trinidad, para conmemorar medio milenio de vida -500 años de existencia- saca a la calle un paso. Los de la Sed y el Polígono, para sellar un hermanamiento, sacan hasta tres. ¿A que no cuadra la proporción?
José Cretario
ABC Sevilla