
El pasado día 24, a las 20:30 de la tarde se abrían las puertas de la capilla de la Hermandad de la Paloma, recientemente sometida a un proceso de ampliación acabando justo para poder albergar en ella la presentación de la Santísima Virgen tras su restauración. Un proceso de restauración llevada a cabo por Luis Álvarez Duarte que duró alrededor de 3 meses y que ha consistido básicamente en la limpieza de la policromía y reposición de la misma en las zonas típicamente afectadas debido a las labores de vestir.
El afamado imaginero, tras una larga espera de los que allí nos encontrábamos para que los altos cargos de la Agrupación de Cofradías y de la Hermandad de la Paloma se saludaran y abrazaran, comenzó con su conferencia en la que explicaba los procesos que siguió. Ciertamente, echamos en falta una explicación más profesional, en la que describiera paso a paso las etapas del proceso con mayor número de fotos y que estuviera más exenta de los sentimientos del autor, algo banal ya que se trataba de una conferencia informativa, no un homenaje a él mismo, y ni siquiera pudimos saber del tratamiento que siguieron las manos las cuales estaban bastantes deterioradas. Incluso se habla fuera de la sustitución de una de las manos, hecho que desconocemos ya que, como hemos dicho anteriormente, la información respecto a ellas fue totalmente nula. Y es que una explicación que no recoge totalmente los pasos del trabajo realizado y presente lagunas –ya sea de forma intencionada para dar más libertad al artista en la intervención o no- puede inducir a la desconfianza de los más curtidos en este mundo.
Como datos significativos de la conferencia encontramos dos confesiones del autor: en primer lugar el basarse en la brisa mañanera de la ciudad de Málaga en primavera para poner los ojos verdes en esta imagen y, en segundo lugar, que el color de los ojos de la sevillana virgen del Rosario del Polígono de San Pablo viene a ser un homenaje a la primera.
Como intervenciones destacadas en el turno de preguntas, la de una señora que preguntaba al autor si se había inspirado a la imagen y semejanza de él mismo a la hora de tallar los rasgos de la Virgen, a lo que el autor, algo confuso, le respondió que se inspiró en Málaga y su alegría. Acto seguido la señora le dio la enhorabuena. Y, por último, otro asistente que tras una serie de halagos hacia el autor, en una intervención más propia de una exaltación o pregón, consiguió su cometido de arrancar un aplauso.
Terminada la conferencia, el ambiente se cargo de un fuerte duartinismo. Señoras pedían autógrafos al imaginero y se hacían fotos con él delante de la imagen. Por un momento dudamos sobre el protagonista en el acto, si la Virgen o su autor.
La imagen apenas presenta modificaciones con respecto a la fisonomía de la Virgen anterior a la restauración, algo que nos parece increíble vista la trayectoria del imaginero en nuestra ciudad en lo que a restauraciones se refiere. De hecho, pudimos ser testigos de un intento de excusar intervenciones que tuvo en épocas pasadas, como los cambios radicales en la morfología de tallas malagueñas como la de Consolación y Lágrimas, alegando que “todos de jóvenes hemos cometido errores” y es que pareció haber aprendido la lección tras la intervención de Miñarro sobre una de sus imágenes, concretamente Santa María del Monte Calvario, tras haber terciado su policromía a un color anaranjado. La única diferencia quizás es que en este caso el autor sigue vivo y en el caso del autor de Consolación y Lágrimas, este ya pasó a mejor vida hace más de dos siglos.
A continuación, dejamos un reportaje de cómo quedo la Santísima Virgen:









Detalle de la mascarilla sacada de María Santísima de la Paloma, método de prevención en caso de tragedia que cada vez más Hermandades poseen de sus sagrados titulares.