Sólo un día después de la primera reunión de la junta superior y en la antevíspera del viernes, día del encuentro con el cardenal que estuvo muy cariñoso con todos los miembros de la junta superior, el nuevo presidente se acercó a la azotea de la casa hermandad del Museo para participar en las tertulias que suele organizar en verano esta cofradía.
Consciente o inconscientemente Arenas trazó en la noche del miércoles algo que si hubiera hecho antes de la elección podría denominarse como discurso de investidura. Pero ya investido y bendecido, el presidente tomó la palabra para dibujar las líneas maestras de su mandato que se pueden resumir en las tres palabras del titular «vivir es cambiar».
Y esas cosas son las que se avecinan, cambios, porque Arenas va a poner en marcha un programa posibilista que, como el mismo comentó, pueda abordar desde la libertad asuntos tabú como ampliación de la carrera oficial, la incorporación de más cofradías o la configuración del Sábado Santo.
Si a estas cosas no le puso fecha, sí fijó en el mes de octubre su asunto prioritario como la creación de los nuevos estatutos del Consejo, caballo de batalla en el que se montó Adolfo Arenas antes de iniciar su carrera a la presidencia. Dijo que en ese mes se iba a crear la comisión paritaria que iniciará la redacción de los nuevos teniendo en cuenta aspectos como la solidaridad y las carencias que tienen los actuales.
Como aperitivo al posibilismo, el cardenal le autorizó el viernes a crear la figura del pro-delegado para las hermandades de vísperas y del Rocío hasta que los nuevos estatutos recojan estas figuras.
En todo caso ese posibilismo reformista va a encontrar sus mayores debates en la ampliación. Dijo Arenas que él nunca entendió por qué las normas diocesanas fijaron en 57 el número de hermandades (que ahora han convertido en 59) y que en este terreno «no se le pueden poner verjas al campo aunque el campo tenga verjas». Él no sabe donde se encuentra y las vísperas que le apoyaron (todas excepto dos) intentarán que esa verja esté lo más lejos posible. Allí en el Museo, el presidente se encontró ante una hermandad herida por su situación en el Lunes Santo.
Más posibilismo: el presidente quiere que cada delegado se reúna con sus hermanos mayores para hacer un diagnóstico de los días y comenzar a tomar soluciones.
Un hermano del Museo criticó la manera de elegir a la Imagen del vía crucis. No parece que sea ésta una reforma que le preocupe a Arenas, pero puede que sea la única ya que en estos cuatro años nos vamos a encontrar con una especie de revolución tranquila en las cosas de la Semana Santa.
El cardenal les dijo el viernes que los cambios sin prisas y con pausas. «Vivir es cambiar».
Vamos a ver hasta dónde llega la vida para saber hasta qué punto llegan los cambios.
José Cretario
ABC Sevilla