sábado, 21 de junio de 2008

Una vez más y con ocasión de la renovación de los cargos permanentes del Consejo de Hermandades y Cofradías de la Ciudad de Sevilla, vuelve a ponerse de manifiesto la importancia de los Hermanos Mayores en la orientación más acertada de nuestra Semana Santa.

 

Su voto, en nombre de las respectivas corporaciones, decide la cúpula permanente de un Consejo con importantes funciones susceptibles de ampliación, a cuyo Pleno pertenecen igualmente como miembros natos.

 

Pocas instituciones podrán rivalizar con nuestras Hermandades en sus maneras democráticas a la hora de sentirse representadas por unas juntas de gobierno de marcado carácter presidencialista.

 

Alrededor de la figura del hermano mayor se agrupan personas que sintonizan con él en la devoción a los Sagrados Titulares y en el deseo de trabajar desinteresadamente por el bien de la Hermandad.

 

El marco de referencia lo constituyen básicamente las Reglas aprobadas por la autoridad eclesiástica, en cuyo cumplimiento adquieren especial relevancia las prioridades que en cada momento se establecen; es decir, lo que llamaríamos en el orden civil «el programa».

 

Es evidente que las Hermandades están inmersas en la realidad social donde nacen y desarrollan su actividad, por lo que ante la celeridad de los cambios que caracteriza a nuestra época no es ocioso destacar la necesidad casi diaria de adaptación que debe llevarse a cabo para cumplir los fines para las que son creadas.

 

Su pertenencia esencial a la Iglesia, la Asamblea de los creyentes en el Señor, las hace participar en las dificultades actuales con las que se encuentran los discípulos de Jesucristo, en medio de unos ambientes paganizados y de persecuciones más o menos encubiertas.

 

Inmersos en lo que Juan Pablo II llamaba «tierra de misión», quizás el peor de estos males sea la ligereza a la hora de hablar y de escribir unos y otros de la Semana Santa y la falta de testimonio evangélico de muchos de los cofrades.

 

En la superficialidad reinante, escandaliza el aire mundano de campaña electoral que se manifiesta en bastantes elecciones a junta de gobierno, los comentarios gravemente injuriosos para el contrincante, el reflejo en los medios de comunicación al modo de los chismorreos de las revistas de «famosos», y la aplicación pura y dura del principio de que sólo es noticia el mordisco del capirote al perro.

 

Convendría buscar lo permanente y aplicar a las relaciones entre hermanos que se afanan por servir mejor, en buena lid, a su Hermandad, las palabras del Señor -y aquí caben todas las advocaciones de nuestros titulares- sobre la forma de resolver evangélicamente los litigios y desacuerdos: «Y en este instante solemne de la caridad fraterna, si alguno tuviera desacuerdo con su hermano, corra a él, humíllese y pídale perdón; y luego vuelva a depositar su ofrenda ante el Altar».

 

Como queda expresado anteriormente, adquiere una especial relevancia, ante el carácter destacado del Hermano Mayor, la fijación de prioridades que, al llevarlas a la práctica, contribuyan de la manera más eficaz posible a un genuina vida de Hermandad y al testimonio cristiano de sus hermanos en una sociedad tan necesitada de Dios.

 

La prioridad primera y esencial es la práctica del Amor fraterno. Que también puede expresarse como un hacer a diario lo que más agrada a Nuestro Padre celestial y a la Santísima Virgen. Desde la misma experiencia humana, ¿qué padres no desean, por encima de todo, el amor entre sus hijos? Luego vendrán cultos solemnes y conservación del patrimonio más antiguo y valioso; y la casa hermandad y la perfecta organización de la estación de penitencia... pero, «si no tengo amor nada soy».

 

En esta línea de procurar vivir como seguidores de Jesús de Nazaret en el seno de la Hermandad, la actitud del Hermano Mayor y de su Junta de Gobierno adquiere una importancia fundamental. Podemos decir, parafraseando el dicho popular. que: «según sea el cura, así será la parroquia».

 

Muchas veces la superficialidad reinante se pretende envolver en una dinámica de obras, de realizaciones y de cabildos, que da la sensación de eficacia. Pero uno mismo, en su fuero interno, comienza a vislumbrar la engañifa del mucho ruido y de las pocas nueces.

 

El peligro es tan generalizado y sutil que San Bernardo ponía en guardia al Papa Eugenio III, con estas palabras: «Temo que en medio de tus innumerables ocupaciones, te desesperes de no poder llevarlas a cabo y se te endurezca el corazón. Obrarías con cordura abandonándolas por algún tiempo, para que no te dominen y arrastren...».

 

Que todo un Doctor de la Iglesia tilde de malditas las ocupaciones de un Papa, en cuanto puedan apartarle del amor de Dios, nos permite el atrevimiento de indicarle a nuestros Hermanos Mayores la conveniencia de priorizar, en el ejercicio de sus funciones, la práctica de la caridad fraterna en el seno de la Hermandad, por delante de actividades nobles y necesarias, culturales y artísticas, que sólo si van acompañando al amor tienen sentido.

 

Lo expuesto es, a la luz del Evangelio, irrefutable. Que no estamos hablando de vinculaciones formales con esta o aquella parroquia, ni de contribución económica a la Iglesia por un determinado porcentaje, ni de horarios para la carrera oficial, ni de pregones brillantes ni de músicas celestiales. Sino de lo que caracteriza la vida de aquellos que siguen el mandamiento nuevo, de los únicos que pueden asomarse al mundo con la etiqueta de cristianos en sus hechos y en sus palabras: de los que, cada día, intentan amar al prójimo como Cristo nos amó.

 

Estos Hermanos Mayores, que practican con los suyos el precepto en el que se encierran toda la Ley y los Profetas, tienen plena capacidad espiritual para elegir un Consejo que, a su vez, establezca como prioridad absoluta esta vivencia de lo auténtico, de lo que es fundamental en el cristianismo.


Y todos juntos sea para el mayor esplendor de los cultos, o para la más conveniente formación o para la realización en común de obras sociales a favor de los que más lo necesitan- harán así posible el verdadero engrandecimiento de la Semana Santa de Sevilla.

 

Foro Cardenal Niño de Guevara

 

ABC Sevilla


Publicado por nazarenodelaO @ 13:04  | Sevilla
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