Las páginas de un boletín conmemorativo conjuntamente editado testimonian el gozo de los cofrades de dos corporaciones penitenciales que vienen celebrando el cincuenta aniversario del establecimiento de los lazos de hermandad que les unen y que hoy les son tan conocidos. Se trata de las hermandades del Señor de la Sentencia y Nuestra Señora de la Esperanza de la Yedra, de un lado, y del Cristo de la Buena Muerte y María Santísima del Dulce Nombre, de otro.
Un acto público celebrado en la noche de este pasado viernes, en la casa de hermandad que la segunda de estas dos cofradías tiene en la calle Nueva, la Buena Muerte, acogió la presentación de esta publicación que perpetua la memoria de este singular efeméride. En la presentación tomaron la palabra tanto José Carlos Morales Sánchez como Jaime Núñez Reina, respectivos hermanos mayores de una y otra corporaciones de la madrugada del Viernes Santo.
Signos de un hermanamiento
Casi paralela a los recientemente terminados actos del cincuentenario que de la fundación de la Hermandad de la Buena Muerte se han venido celebrando, la conmemoración del idéntico medio siglo de esta relación fraterna entre los cofrades de la Yedra y de la Buena Muerte señala su nacimiento junto al propio de ésta segunda hermandad, acompañada ya entonces por la popular cofradía de La Plazuela.
Signos como el intercambio de nazarenos en sus cortejos, pese a que salgan la misma noche, o aquel saludo de la Esperanza al Cristo de la Buena Muerte a la salida de la Catedral por plaza de la Encarnación lo evidenciaron siempre.
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