El santuario de Santa María del Águila podría ser el tercer templo de la diócesis hispalense que adquiera el rango de basílica si prosperan los trámites iniciados por la Hermandad de la patrona alcalareña y el Arzobispado. Será el reconocimiento a la larga e histórica devoción que acumula la titular de un templo que por sí solo es una joya patrimonial. Hoy se cumplirá uno de los requisitos previos. La dedicación del templo que llevará a cabo el cardenal, Carlos Amigo, siguiendo un ancestral y complejo rito que en escasas ocasiones se tiene ocasión de contemplar.
La consideración de basílica es uno de los máximos reconocimientos que concede la Iglesia Universal a un templo consagrado al culto. En Sevilla, sólo hay dos basílicas, las del Gran Poder y la Macarena. En ambas se reconoce la extensa y profunda devoción que el pueblo tiene a sus titulares, y la riqueza histórica y patrimonial. El santuario de la Patrona de Alcalá de Guadaíra puede ser en breve la tercera. En este caso la declaración será un reconocimiento a la Virgen del Águila, una advocación antigua, vigente y extensa que hunde sus raíces en la Reconquista, y que traspasa las fronteras de la localidad.
La dedicación o antigua consagración del templo es requisito indispensable para que Roma otorgue el título de basílica. Este rito significa el reconocimiento de que todo el edificio está destinado a reunir al pueblo de Dios y es adecuado para la celebración de los sagrados misterios y en el que se pone bajo la protección de un santo o advocación. Es uno de los ritos más antiguos de la Iglesia Católica y aparece ya referido en el siglo VI durante el pontificado del Papa Virgilio. Antiguamente la ceremonia suponía un enorme despliegue de elementos, complejos ritos de larguísima duración y una preparación costosa y compleja.
Ganando mezquitas
Era la ceremonia que se empleaba para habilitar al culto cristiano las mezquitas que se iban arrebatando a los musulmanes durante la Reconquista. Este sería el caso de Santa María del Águila, que ocupa el solar de la que fuera mezquita mayor de la fortaleza habitada del Castillo alcalareño. De hecho aún se conserva el primitivo alminar convertido en torre campanario. La que fuera mezquita se transformaría en templo en la segunda mitad del siglo XIII, cuando el Castillo se rindió a los cristianos y entonces se debió celebrar el rito. Pero el documento en el que se constató la institución de la iglesia desapareció.
Esta tarde se volverá a realizar el rito, compuesto por cuatro pasos: Aspersión; Unción del altar y de los muros del templo; Cremación de incienso; Revestimiento e iluminación. En primer lugar y tras el rito de entrada, el cardenal tomará posesión del templo y procede a realizar la aspersión. Para ello bendice el agua y rocía con ella al pueblo, al altar y a los muros de la iglesia. En un segundo paso es necesario ungir el templo, que es el símbolo de Cristo, «el Ungido» para el sacrificio de su propia vida. Para ello el cardenal extenderá aceite sobre la superficie de la mesa de altar y luego ungirá las doce cruces instaladas en las columnas centrales del santuario. El número expresa la imagen de la ciudad santa de Jerusalén, fundamentada en los doce apóstoles. El tercero de los ritos es la cremación. Se quema incienso sobre el altar para significar que el sacrificio de Cristo que allí se realiza sube hasta Dios como el humo. De esta forma también se expresa que las oraciones de los fieles tienen el poder de llegar hasta Dios como un agradable aroma.
Iluminación del templo
Para finalizar se lleva a cabo el revestimiento e iluminación del altar. Se reviste la mesa del altar con manteles blancos y se ilumina con cirios. De esta forma se hace patente antes los fieles que ese el ara del sacrificio eucarístico, pero también la mesa del Señor y por ello se adorna festivamente. Luego se ilumina todo el templo, porque «Cristo es la luz para alumbrar a las naciones, con cuya claridad brilla la Iglesia y toda la familia humana».
Todo ello sumará un nuevo capítulo a la azarosa vida del templo de Santa María del Águila, que es el corazón histórico y devocional de la ciudad, cuya fisonomía corresponde con el prototipo sevillano de iglesia mudéjar y que conserva una de las pinturas murales más antiguas de Sevilla, en la que aparecen Santiago y San Mateo. Perdió su uso cuando con en paso de los siglos la población abandonó el cerro. Fue rescatada del abandono, ardió en 1936 y de nuevo fue vuelta a rehabilitar para albergar a la Virgen del Águila. Posiblemente dentro de poco será basílica para orgullo de los alcalareños.
ABC Sevilla