
En la tarde del pasado sábado tuvo lugar el traslado del Señor de la Cena desde su casa hermandad hasta la fachada principal de la Catedral, donde esta imagen presidiría el altar que con motivo del Corpus la Adoración Nocturna monta cada año en dicho lugar.

La novedad en este año la supuso la hora del traslado, al mediodía, cuando el año pasado se celebró en horario vespertino. Acompañado por una capilla musical que interpretaba versiones de marchas el Señor de la Cena fue llevado sobre el trono de traslado de Viñeros. Dichas andas fueron bellamente exornadas para la ocasión con flores blancas. En la delantera dos ángeles escoltaban a la custodia que se situaba a los pies del Señor.

Fue un traslado lento el que se desarrolló por las calles del centro de la ciudad, que permitió al Señor de la Cena entrar a la Catedral, cuyas naves cruzó para salir por la puerta principal al altar que presidiría.

El domingo, a las dos de la tarde tuvo lugar el traslado de vuelta del Señor de la Cena. En esta ocasión llevo como acompañamiento musical a la banda de cornetas y tambores Lágrimas de San Pedro, que demostró su potencial.

Contrastó el silencio imperante en el interior de la Catedral a la salida del Señor en el que se pudo oír el crujir de la madera con la sonoridad de la banda durante el recorrido.

Fue sin duda este traslado de vuelta lo mejor del Corpus. El trono anduvo al ritmo de las marchas y pese a que se prolongó dicho traslado durante una hora y media coincidiendo con la hora de la comida, concitó a numeroso público.









